domingo, 7 de febrero de 2016

FEBRERO DEL 36

Buceando un poco en nuestra historia reciente, no deberíamos dejar pasar un recuerdo a la situación española de hace 80 años, marcada por los resultados de las elecciones de febrero de 1936, preludio de la Guerra Civil Española. El 16 de febrero se celebraron las elecciones con una participación del 72,9% del electorado, resultando triunfante del llamado “Frente Popular” con 4.654.116 votos (47,1%), contra el “Frente Nacional Contrarrevolucionario”, que obtuvo 4.503.505 (45,6%), mientras que el Centro obtenía 400.901 votos (5,3%).

En total, el “Frente Popular” contaba con 263 diputados y la derecha 156 diputados. Con estos resultados, el frente de derechas inició de inmediato la puesta en marcha de una intentona golpista, que fue conocida como “golpe de fuerza”, para impedir la constitución de un gobierno republicano de izquierdas y revolucionario. La campaña del Frente Nacional no había presentado ningún tipo de programa electoral, simplemente se limitó a señalar su programa como Antirrevolucionario, siendo sus slogans: “Contra la Revolución y sus cómplices”; “Por Dios y por España” y planteo la batalla entre “la España Católica y la Revolución bárbara”.

Gil Robles intentó el día 17 de febrero declarar el Estado de Guerra en el país, sin éxito por la negativa del Presidente en funciones Portela Valladares y le siguió el General Franco, en ese momento Jefe del Estado Mayor del Ejército, siendo desautorizado por el Ministro de la Guerra, General Nicolás Molero. Una de las primeras medidas tomadas por gobierno de Azaña, fue alejar de los centros de poder a los generales golpistas enviando al General Franco a la Comandancia Militar de Canarias y al General Mola al Gobierno Militar de Pamplona.

En estos antecedentes, encontramos una aceleración de las intenciones golpistas por parte del General Franco, que consideró su traslado a Canarias como una degradación, una humillación y un destierro. Los militares golpistas, alentados por la derecha parlamentaria, comenzaron a organizar el golpe de Julio del 36, incorporando progresivamente a generales proclives y grupos paramilitares fascistas del campo falangista. La consigna antirrevolucionaria y fascista del día después de las elecciones era clara: “hay que extirpar la barbarie de España”, iniciando el proceso más sangriento de nuestra historia reciente: “la Guerra Civil Española”.

Durante los meses de febrero al golpe fascista de Julio, el gobierno decretó la amnistía para más de 30.000 presos políticos y sociales, repuso a los alcaldes y concejales elegidos en 1931, el 1 de marzo reanudaba su tarea el Parlament de la Generalidad de Cataluña, con la liberación y reposición de Lluís Companys como Honorable President y sus consejeros. Pronto comenzaron a defenderse posturas de creación del Estado Independiente de Cataluña.
  
Mientras el 1 de Marzo una multitudinaria manifestación recorría las calles de Madrid para celebrar el triunfo del Frente Popular y apoyar al nuevo gobierno, los militares golpistas ya habían iniciado una trama encabezada por el General Mola, acordando el 8 de marzo el inicio de las acciones que propiciaran el Alzamiento Nacional, que colocará una Junta Militar encabezada por el General Sanjurjo, quien se encontraba exiliado en Portugal.

Llegaron a fijar la fecha del golpe militar para el 20 de abril, pero diversos problemas de coordinación paralizaron la acción pasando a diseñar una nueva estrategia basada en las siguientes prioridades: Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades y sindicatos no afectos al Movimiento, aplicándose castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas”.

El alzamiento pretendía conseguir un triunfo rápido que depusiera al gobierno en pocos días, iniciando la sublevación con la llegada de las tropas del Ejército de África que entraría por el estrecho y se dirigiría a Madrid, capitaneadas por el General Franco. Sus planes de incorporación de otros centros de poder militar en la capital fallaron y se inició la Guerra Civil Española que duraría 3 años y causaría un millón de muertos y uno de los episodios más tristes de la historia española: 40 años de dictadura fascista.

No está mal que recordemos estos hechos de febrero del 36, porque hoy, 80 años después parece no haberse cerrado convenientemente la herida de las Dos Españas y continuamos bregando con los frentismos sin rumbo y con alianzas perdidas. Nunca debemos olvidar nuestra historia, sobre todo si está tan fresca y reciente como la ocurrida en Febrero del 36.





domingo, 31 de enero de 2016

HAMBRE CERO

Adentrados ya en el Siglo XXI, mantenemos unas cifras vergonzosas de hambre en el mundo, superando los 1.000 millones de personas en pobreza extrema, de los cuales más de 400 millones están en riesgo de desnutrición severa. Las cifras son de Naciones Unidas, dentro de su Programa Mundial de Alimentos (PMA) y ponen los pelos de punta a propios y extraños. Al mismo tiempo, el informe señala una superproducción de alimentos que está obligando a muchos países a reducir sus producciones de carne, lácteos, productos agrícolas y manufacturados. Un sinsentido que nos obliga a repensar estrategias para terminar con el hambre de nuestros semejantes.

Hemos de trabajar para conseguir tres comidas al día a toda la población mundial, aprovechando los excedentes de producción y canalizando esa ayuda alimenticia de forma correcta y eficaz. Les aseguro que esto no cuesta tanto trabajo, pero se imponen las políticas de los mercados para los controles de precios a la solidaridad humana. Al mismo tiempo, se han de poner en marcha propuestas de desarrollo endógeno que faciliten a las poblaciones más vulnerables un avance en su extrema situación y garanticen su soberanía alimentaria en el medio plazo.

En la raíz del problema del hambre, se encuentra la grave desigualdad social existente, que en determinados países se acrecienta debido a políticas de ajuste estructural que hacen recaer sobre la población más indefensa los efectos de un lamentable crimen programado. Si le sumamos a ello los altísimos niveles de corrupción política en los gobernantes de esos países, tenemos la tormenta perfecta que coloca a millones de personas al borde del abismo nutricional.

Para hacer frente a esa desigualdad, hay que aplicar políticas serias de redistribución de la riqueza, comenzando por la dedicación del 0’7 % a la Cooperación Internacional al Desarrollo, objetivo trazado por Naciones Unidas en 1992. Esta Ayuda al Desarrollo, debe ser controlada y evaluada por los actores más cercanos a la población meta, contando con las ONG como instrumento social que garanticen el destino de los fondos.

Al mismo tiempo, a nivel interno de los países receptores, han de ponerse en marcha políticas de crecimiento endógeno que cuenten con acciones de protección a la población más vulnerable y garanticen los servicios públicos básicos de Salud y Educación. Las ayudas tienen que ser condicionadas al cumplimiento de los objetivos marcados en los planes de desarrollo que se formulen. No podemos permitirnos que el dinero para la ayuda se quede por el camino o en los bolsillos de dirigentes corruptos.

Por último, sería necesario articular medidas de protección a la infancia desnutrida o en riesgo de desnutrición, ya que son los más vulnerables de entre los pobres. Debemos exigir un compromiso firme para terminar con esta vergüenza humana.



miércoles, 27 de enero de 2016

EL DERECHO DE VIVIR EN PAZ

Desde el final de la II Guerra Mundial seguimos inmersos, sin ningún paréntesis, en situaciones de conflicto internacional que dicen muy poco sobre nuestra capacidad de conseguir un derecho fundamental de la especie humana: El Derecho a Vivir en Paz. Conflictos de baja, media y alta intensidad, nos asolan por todo el planeta, en base a raíces ideológicas, religiosas, de poder, económicas, etc., a las que próximamente se incorporarán causas como el control del agua dulce y los cauces, nuevos minerales, control de amplios territorios y algunas más.

El ser humano, nacido libre y como máximo escalón de la biodiversidad, no está dando respuesta válida al cumplimiento de este Derecho Internacional básico: Vivir en Paz. Las relaciones entre la humanidad se mediatizan por la posesión de armas nucleares (persuasión nuclear), bombas de hidrógeno (bastante más destructivas que las anteriores), armas bacteriológicas, armas de destrucción masiva y armamento convencional.

Mientras no se planteen medidas de gran calado, nuestro destino estará marcado por los países poderosos en posesión del armamento citado. Estas medidas, básicamente, pueden resumirse en las siguientes:

-          Erradicación y destrucción de los arsenales nucleares, de uranio enriquecido e hidrógeno, con un control garantista suficiente basado en la propuesta 0+0.
-          Erradicación y destrucción total de las armas de destrucción masiva, bacteriológicas, bombas racimo y todas aquellas que no discriminen su objetivo.
-           Acabar con los lobbys de armamentos, tanto “legales”, es decir el comercio de armas controlado por los propios estados, como “ilegales”, erradicando el tráfico de armas de cualquier tipo, mediante una gendarmería que vele por dicho control.
-          Reducción al 50% del actual armamento convencional, debe acabarse el hacer negocio con los instrumentos que garantizan la guerra y la destrucción, mediante un compromiso verificable de esta disminución.
-          Disminución del número de efectivos en los ejército regulares, compensando a nivel de Policía Civil de forma ponderada y proporcionada.
-          Trabajar en la Prevención de Conflictos, interactuando las acciones de contención, negociación y diplomacia, con la de sanciones que nunca vayan a las espaldas de la ciudadanía de los estados concretos.
-          Incluir una cultura de Paz en todos los niveles educativos, en busca de personas pacíficas, dialogantes, negociadoras y comprometidas por la paz.

Los gobiernos actuales no están por la labor, ya que sacan beneficios muy jugosos de estas situaciones de conflicto. Ni siquiera Naciones Unidas ha sido capaz de actuar en firme contra esta necesaria distensión, ya que los países poderosos que la conforman vetan sucesivamente cualquier iniciativa que vaya en el sentido de las propuestas reseñadas. Hemos de reivindicar nuestro Derecho de Vivir en Paz.



domingo, 24 de enero de 2016

CAMBIO CLIMÁTICO

Las autoridades reunidas en París en la Conferencia Internacional promovida por Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, llegaron a algunos acuerdos interesantes pero no vinculantes. No fueron capaces de concluir con unos Tratados, que serían de obligado cumplimiento, sino recomendaciones y compromisos que se revisarán cada lustro sin que modifiquen las políticas medioambientales de los países emisores de forma obligatoria.

Mal lo tenemos para las futuras generaciones si los actuales gobernantes no ponen remedio de una forma rápida y eficaz a los efectos que provoca el Cambio Climático. Pero mucho peor si no se atienden toda una batería de propuestas que modifiquen nuestros hábitos de vida y conduzcan a un Planeta más limpio, saludable y duradero. Somos la especie humana la que hemos decidido cargarnos el habitat de todas las demás especies, convirtiéndonos así en animales humanos peligrosos para los demás animales y especies vegetales.

Dentro de la batería de propuestas a abordar, se encuentra la sustitución de la energía nuclear y de hidrocarburos por energías limpias y renovables, anteponiendo los intereses de todos a los de empresas multinacionales. Para ello, hay que ser muy valiente y contar con una suerte de aptitudes de las que hoy adolecen los mandatarios internacionales. Para tal fin, Naciones Unidas también ha fracasado, ya que sus intentos de avanzar chocan frontalmente con los posicionamientos particulares de los poderosos y siempre juega al no molestar demasiado, ya que prefieren conseguir pequeños avances a no conseguir nada.

Tenemos que iniciar ya la sustitución del actual parque automovilístico por vehículos limpios. Sabemos que contamos desde hace tiempo con la tecnología necesaria para su implementación y que son intereses especulativos del petróleo los que ejercen una presión inmensa para no cambiar nuestro sistema privado de transporte: el coche.

Tenemos que erradicar, de forma radical, la tala indiscriminada de masa boscosa e iniciar un incremento de la masa arbórea mundial que duplique nuestra actual situación. Podemos plantearnos, con bastantes opciones de éxito, la reducción de las zonas desérticas en un 10% de su masa actual, ampliando nuestro suelo cultivable y poniendo freno al avance de las mismas.

Hemos de comenzar, sin dilación, a trasladar los núcleos urbanos del litoral al interior, alejarnos de las costas para evitar millones de muertes en el futuro. La planificación de este cambio es prioritaria y puede llevarse a cabo de forma progresiva pero urgente en los próximos años.  Hemos de garantizar unas formas y hábitos de vida mucho más saludables, con un transporte público económico y de calidad; un profundo sistema efectivo de tratamiento de los residuos sólidos urbanos que garantice su reutilización. En estos cambios urgentes, las personas somos imprescindibles, tanto para reclamar su aplicación a los gobernantes como para cambiar nuestros propios hábitos de vida.