jueves, 18 de diciembre de 2014

ES LA HORA DE CUBA


Después de 53 años de guerra fría entre EE.UU. y Cuba, los Presidente Obama y Raúl Castro han dado un paso adelante poniendo fin a un bloqueo anacrónico y una diplomacia arcaica. Y aunque la decisión final sobre el levantamiento del bloqueo dependa del Congreso norteamericano, donde los republicanos y algunos demócratas pueden oponerse a la medida, todo parece indicar que el nuevo escenario puede ser cuestión de semanas.

El pueblo cubano ha sufrido en sus propias necesidades vitales los efectos del bloqueo injusto de diez presidentes que no podían permitir que a tan pocas millas se diera una realidad política distinta a las demás y que pudiera servir de semillero y espejo a otros países de su patio trasero. La intermediación del Vaticano, México, Brasil y varios países con peso internacional, han dado su fruto tras años de trabajo pausado para eliminar uno de los pocos telones de acero que permanecían vivos.

También, durante todos esos años, el bloqueo yanqui ha servido de argumento político a los Castro para esconder o tapar muchos de sus propios errores de planificación estratégica económica y de desarrollo. Todo era culpa del bloqueo y la soberanía nacional cubana nunca se pondría de rodillas. Ese discurso tampoco era demasiado asumido por la juventud que no vivió en su historia ni la revolución ni la dependencia de la Unión Soviética hasta su caída.

Ahora es el momento de Cuba. Tienen que notarse cambios reales que la población cubana sienta y experimente para concluir que sin bloqueo se vive mucho mejor. A corto plazo, ha de tocarse la unificación monetaria, ahora dual, entre el peso cubano y el convertible (CUC); ampliar las posibilidades de inversión en la isla de capital foráneo y nacional. Algunos economistas ya se han apresurado a señalar a Cuba como la nueva China en el Caribe. Quizás sea una buena descripción sobre el rumbo que ha de tomar la política económica y social a partir ahora. También sería necesaria una apertura mucho más democrática y menos dirigida sobre movimientos sociales y organizaciones, desde lo cultural hasta lo deportivo, desde el pensamiento político hasta las artes.

Si el bloqueo ha traído tanta desgracia al pueblo cubano, es hora de recuperarse y de aplicar nuevas políticas que hagan verdad el obstáculo para vivir bien. Cuba ha vivido 56 años gobernada por los Castro. Parece evidente que esto tiene que ir cambiando para que se aceleren transformaciones generacionales que mejoren y actualicen la calidad de vida del pueblo cubano.

Por eso ahora es la hora de Cuba y en un tiempo, más corto que largo, han de darse señales inequívocas de que sus avances son reales y certeros.



martes, 9 de diciembre de 2014

CAMBIO DE RUMBO.


Nuestro país ha consumido su proceso transitorio. Todos sabíamos que el hecho tenía fecha de caducidad, aunque algunos se han empeñado en que esa fecha se acortara a ritmos acelerados. La nula credibilidad en los partidos tradicionales y tradicionalistas ha puesto en peligro el acercamiento de la población a la política, presentando un funcionamiento institucional al que nos veíamos abocados sin más remedio debido a las orientaciones de la troika y del poder financiero que ha gobernado sobre el político sin haberse presentado a las elecciones.

La crisis económica, política y social que vivimos, ha servido para remover las conciencias dormidas de la ciudadanía, que ha pasado de tenerlo todo casi resuelto a no tener casi nada: ni expectativas, ni estado del bienestar, ni empleo, salarios muy bajos y dificultades para llegar a fin de mes, convirtiendo en ansiedad vital lo que hace sólo unos años era consumismo. Ha cambiado nuestro paradigma y tenemos que asumirlo así para poder modificar aquello que se ha hecho mal y retomar sendas de crecimiento humano, económico, cultural y solidario. De lo contrario, nunca aprenderemos.

También sabemos que los procesos pasan, se producen y crean mecanismos de transformación que en muy poco tiempo se verán como normales. Pero para llegar ahí cabe preguntarse qué es lo que tenemos que hacer ahora, para no arrepentirnos en el futuro de que no supimos o no pudimos hacer lo que era necesario. Después de lo vivido en nuestro país en estos años de democracia, no podemos permanecer en la creencia de que tenemos que otorgar el poder a otro partido para que nos gestione, nos resuelva, nos oriente y nos legisle en la senda del bien común, sino que hemos de asumir nuestra participación en estos momentos de cambio. Ciudadanía asumida como necesidad de no volver a cometer los mismos errores, de no dejar las instituciones en manos de “representantes”, sino de permanecer alertas, críticos, observando, proponiendo, exigiendo y comprometiéndonos.

Nadie debe escandalizarse de los cambios que han de producirse en el país. Son cambios necesarios si queremos recuperar nuestra dignidad después de haber pasado por una agonía de ineptos, corruptos, malos gestores y encumbrados representantes del pueblo. La dignidad no la regalan, se pelea y se lucha día a día, en cada momento de nuestras vidas y, cuando nos toman por imbéciles, se conquista en las urnas echando de una vez por todas a los que nos timaron y redujeron a puro objeto del marketing electoral.

Hay que recuperar la sonrisa, la alegría y utilizar el corazón para aquello que mejor sabe hacer: amar, desterrando odio y enfrentamientos. Hemos de utilizar nuestro pensamiento para acometer la nueva transformación que necesitamos, sin extremismos ni banderas enarboladas en la nada, pero siendo firmes en la decisión de que la fiesta de algunos tiene que terminar y que con la dignidad del pueblo ni se juega ni se negocia.



viernes, 5 de diciembre de 2014

0,7 ¿CUÁNDO?.


Hace veinte años las calles de todas las ciudades de España se llenaron de tiendas de campaña reclamando la dedicación del 0,7 a la cooperación internacional al desarrollo, siguiendo las recomendaciones de Naciones Unidas desde 1972, refrendadas en la Cumbre de Río de 1992. En las acampadas se discutía de Solidaridad, pero también de deuda externa, de expoliación, de desarrollo sostenible, de igualdad de género, de transparencia y buena gestión de los recursos públicos y un sinfín de temas más. A muchos que participamos en aquella movilización, el 15M nos recordó la experiencia del 0,7.

La visualización por los medios de la grave situación que se vivía en Ruanda, con el asesinato de más de 800.000 personas en los enfrentamientos entre tutsis y hutus, y el desplazamiento de millones de personas para preservar la vida, ayudó sobremanera a que la sociedad española entendiera y apoyara esta movilización en demanda de un compromiso de los gobernantes que convirtiera a España en un país realmente donante y comprometido con la aldea global y sus diferencias.

Los políticos de turno, presionados por una movilización sin precedentes con fuerte apoyo social, vieron oportuno iniciar procesos de cooperación desde los municipios más pequeños a las comunidades autónomas, pasando por las capitales de provincia y el gobierno central. Ninguno de ellos alcanzó la meta del 0,7 (a excepción de Navarra y alguna ciudad del norte), pero toda institución viviente tenía una pequeña partida para la cooperación internacional al desarrollo.

Los partidos se apresuraron a incluir en sus programas electorales el demandado porcentaje haciendo bandera de su solidaridad y compromiso (estaba de moda), pero ninguno de ellos fue capaz de realizar políticas públicas de Cooperación Internacional con ese alcance. La cooperación española en su totalidad alcanzó su tope máximo de aporte en 2007 (0,35%), cayendo en picado desde entonces hasta el 0,17% actual. Utilizando el argumento falaz de la crisis económica y las necesidades que tenemos en nuestro país, relegan la cooperación a un tema de segundo plano. Da igual del partido que se trate y qué institución regentan. Todos, sin excepción, rompen la tendencia creciente de la cooperación y la condenan a política residual. Si hay que recortar en alguna partida, la primera a considerar es cooperación internacional. No han aprendido nada.

Decía Gioconda Belli, poetisa nicaragüense, que “La Solidaridad es la ternura de los pueblos”. Nuestros políticos no han entendido lo que esto significa: terminar con la desigualdad entre los habitantes de este planeta es un compromiso ineludible de la especie. Y tampoco han entendido que con la “ternura” y la “solidaridad” no se negocia. No perdemos la esperanza de que alguna vez España llegue a ese porcentaje en nuestra cooperación al desarrollo a pesar de que los partidos en los distintos gobiernos: central, autonómicos y municipales, se hagan los locos y miren para otro lado. Eso sí, celebrar que hace veinte años se reivindicó el 0,7 lo celebran todos. Cualquier excusa es buena para buscar una foto.


sábado, 29 de noviembre de 2014

GANEMOS MÁLAGA


Camino de la Asamblea Constituyente de Ganemos Málaga, que se celebrará el 17 de enero del año próximo, el proceso de plataforma ciudadana, nunca antes conocido en la ciudad, avanza de forma imparable. La elaboración colectiva de las propuestas programáticas darán un paso adelante en los próximos meses para completar la visión de ciudad que se quiere, así como las medidas concretas de gobierno que deben emanar del tejido asociativo y de la ciudadanía en los barrios y distritos.

Actualmente, diversos grupos de trabajo en los foros programáticos han ido debatiendo y elaborando las líneas generales de dicho programa, así como los principios éticos, modelo organizativo y metodología, logística y finanzas, comunicación y confluencia. Todas estas cuestiones, así como la forma jurídica en la que concurrir a las elecciones municipales y el proceso de primarias abierto a la ciudadanía, formarán parte del orden del día de la Asamblea Ciudadana Constituyente de enero, que significará el pistoletazo de salida para visibilizar la alternativa de construcción de una ciudad democrática, ecológica y digna.

En Ganemos Málaga no participan las organizaciones políticas como tales, sino que se hace siempre a nivel individual, no existiendo ni cuotas ni privilegio alguno a ningún tipo de organización (una persona, un voto), y se han desechado cualquier tipo de injerencia de las organizaciones en los procesos de participación ciudadana real. Cada día más personas se han ido sumando a la iniciativa, valorando el hecho de no estar dirigidas por ninguna organización al estilo clásico, buscando la confluencia con todos aquellos actores de la vida social, cultural, asociativa, reivindicativa y política de la sociedad malagueña.

La gran preparación de las personas participantes en el proyecto garantiza una gran proyección para colocar a la ciudad de Málaga en el nivel que se merece como la sexta ciudad de España, priorizando el bien común y a las personas sobre las prácticas habituales de los gobiernos municipales habidos hasta la fecha. No es un problema de competencias en el gobierno municipal, sino de incompetencias y de alejamiento de los problemas reales de la ciudadanía.

La propuesta de Ganemos Málaga tiene un futuro venturoso, que concretará propuestas de gobierno para transformar aquello que siempre nos dijeron que era imposible transformar. Los partidos clásicos han sido incapaces de gestionar con transparencia y no han sabido (o no han querido) situarse al frente de los problemas que realmente aquejan a los vecinos y vecinas. Se necesita otra forma de gobernar y Ganemos Málaga asume ese reto con bastante ilusión y entusiasmo.

Por fin la ciudadanía ha dicho ¡basta! Y ha dado un paso al frente para asumir su responsabilidad para el cambio social y la gestión de las instituciones.