lunes, 17 de noviembre de 2014

EL PROGRAMA DE PODEMOS


Parece que agotadas las argumentaciones que colocaban a PODEMOS como bolivarianos, procastristas, amigos de ETA y un sinfín de barbaridades más, ahora toca continuar los intentos de desprestigio señalando que PODEMOS no tiene Programa electoral para las elecciones generales, que no saben qué propondrán a la ciudadanía y que las propuestas que van lanzando no tienen soporte económico ni jurídico para llevarlas a cabo.

Recién terminado su congreso constituyente como Partido, denominado “Asamblea Ciudadana”, eligiendo sus órganos de dirección a nivel del estado, ahora se inicia todo el proceso de elección de sus instrumentos municipales y autonómicos. A pesar de las prisas que todos tienen por arremeter contra PODEMOS, hoy por hoy son ellos los que marcan el paso, están en su propia ruta de consolidación de estructuras territoriales y de órganos que garanticen la participación ciudadana. El programa electoral llegará cuando tenga que llegar, o es que ¿acaso han convocado ya las elecciones generales?.

Entiendo que muchos, partidos y medios sobre todo, se hayan quedado algo descolocados con las nuevas formas de hacer política. No quieren entender métodos de amplia participación en todos los niveles y se apresten al nuevo argumento de que PODEMOS no tiene programa en un intento orquestado de continuar con el desprestigio hacia la fuerza política que les causa problemas.

¿Sabemos cuál es el programa del resto de partidos para las elecciones generales? Pues no. Sencillamente porque no es la hora de los programas electorales cuando aún falta un año para la celebración de las elecciones. PODEMOS tiene ahora el tiempo necesario para ordenar, justificar, encauzar y debatir, todas aquellas propuestas que incorporará al programa electoral de 2015. Se abrirán plazas de debate de masas, se crearán grupos de trabajo para cada uno de los distintos sectores que profundizarán en las propuestas, se contará con expertos en los diversos temas que irán dando forma y cuantificando las acciones de gobierno en los distintos ministerios, culminando el proceso con un debate abierto con la ciudadanía que aprobará o no el programa a presentar a las generales.

PODEMOS no debe verse envuelto en una urgencia para responder a los medios o a otros partidos sobre cuál es su programa. Insisto en que el ritmo lo deben marcar ellos mismos para no dejar de garantizar la participación más amplia posible de la ciudadanía. Llegar a un programa de Gobierno para cuatro años no es fácil, precisa de meditación y priorización, de confrontación social y de implicación ciudadana. Y si alguien está esperando poder criticar algunas propuestas de ese programa, que espere el tiempo que haga falta. Ya nos han engañado bastante con programas falsos que nunca se cumplen, incluso a veces haciendo todo lo contrario de lo que dicen en los mismos.




viernes, 14 de noviembre de 2014

¿GANEMOS?


La proximidad de las elecciones municipales han puesto en marcha varias iniciativas de participación ciudadana con el objetivo de “GANAR” algunas de las alcaldías a las que se plantean concurrir. El hartazgo hacia los partidos políticos tradicionales, su mal hacer y separación de la ciudadanía, su mala gestión que condena a los municipios a deudas infernales, deriva en un rechazo popular también hacia las instituciones, cuestión peligrosa pues dejar vacías las instituciones de alternativas populares es dejarlas en manos de una oligarquía partidista e interesada.

Tras la irrupción de PODEMOS en las elecciones europeas de Mayo y su proyección hacia el futuro, todas las estrategias de los partidos clásicos cambiaron en un intento por recolocarse en el nuevo escenario. La pregunta clave era “¿qué hacemos para no recibir un batacazo en las municipales?. Casi al mismo tiempo, se concreta la propuesta de Guanyem Barcelona, con una perspectiva popular y ciudadana, como una nueva forma de hacer política que aglutinara a vecinos y vecinas de toda la ciudad, que rompiera con los moldes atrofiados de lo de siempre y se situara en Ganar Barcelona, recuperar la institución para la ciudadanía. Su avance y consolidación, su alto nivel de participación ciudadana con más de 32.000 firmas de apoyo y más de 6.000 personas participando en la elaboración colectiva, son muestra de las grandes posibilidades que tiene la propuesta para hacer efectiva la implicación de la población en la política municipal e impedir que la hagan otros.

Casi automáticamente, como si fuera una propuesta que pudiera calcarse a cualquier precio y bajo cualquier premisa, comienzan a aparecer otras propuestas similares en varios municipios españoles. Poco importaba el discurso inicial que impulsa Guanyem, ciudadanos para Ganar el Ayuntamiento, donde las siglas de los partidos no aparecen ni tienen un peso específico en el seno de la organización. El método seguido por Guanyem ha sido sumar voluntades, ciudadanía participando, elaborando, discutiendo y con todo el poder para decidir, sin intermediarios. La clave está en una nueva forma de hacer política, porque la vieja política ha tenido 35 años para hacerlo y no ha sabido o no ha querido.

En los procesos de participación ciudadana pueden diferenciarse dos métodos: los dirigidos y los asamblearios. Esto quiere decir que ante la asunción de una estrategia que le pueda ser válida para mantener un espacio en peligro de extinción, algunos partidos intenten camuflarse en una propuesta participativa y ciudadana. Insisto, propuesta que nunca pusieron en marcha con anterioridad. Bastaba entonces, dar el primer paso para proponer un GANEMOS, asegurándose la dirección del proyecto y no perder espacios de representación partidaria al mismo tiempo. Todo ello, adornado de llamadas a la convergencia, la confluencia, la unidad, de otros partidos políticos (mesa camilla de siglas) a los que arrastrar al posicionamiento previamente diseñado por ellos para no perder su espacio. Los ciudadanos, en este proceso, vendrían después. Una vez cerrado lo “importante”, habría que volcarse en los barrios a trasmitir la necesidad de unirnos todos para GANAR el Ayuntamiento.

El otro método, el asambleario, mucho más cercano al llevado a cabo por Guanyem, consiste en establecer unas líneas básicas de funcionamiento y un desarrollo de los instrumentos de participación, donde los verdaderos y únicos protagonistas sean los vecinos. El punto de partida es bien distinto: si no hay un empoderamiento ciudadano de la necesidad de cambiar la política municipal, que se plasme en un cambio real de la institución para colocar en primer lugar a las personas y no los intereses partidistas, el envite no merecerá la pena.

Si un movimiento ciudadano se convierte en masivo, es decir, cuenta con una participación popular amplia, está garantizando que el apoyo en las municipales será también amplio. En cambio, si el método es la suma de siglas, la ciudadanía no se siente llamada a participar con fuerza, pues “son los mismos de siempre” que quieren unirse para ganar y no la ciudadanía que se empoderar para sumir su responsabilidad en cambios reales en la gestión de los Ayuntamientos.

En Guanyem Barcelona, varios partidos se han ido sumando a la iniciativa, participando individualmente como personas en los mecanismos de participación creados por la asamblea ciudadana de Guanyem, sin privilegios de ningún tipo y asumiendo que será su apuesta para concurrir a las municipales.

En definitiva, el proyecto no se puede consensuar por partidos y luego venderlo a la ciudadanía, sino justo al contrario: Si los ciudadanos asumen su responsabilidad y tiran adelante con el proyecto se sumarán cada vez más ciudadanos y los partidos políticos empezarán a apoyar una apuesta por GANAR la alcaldía.

Al iniciar la estrategia por parte de algunos partidos, lo que realmente se pretendía era garantizar su parcela de poder y representación, tanto en el Ayuntamiento como en la Diputación Provincial, pero cercenando la posibilidad de real de poner en marcha una apuesta de participación ciudadana real, generadora de ilusión y con capacidad de cambiar la política municipal.

Bajo mi punto de vista, este es el problema fundamental que tenemos actualmente en GANEMOS MÁLAGA (quizás también en otros Ganemos) y la pregunta del millón es si aún estamos a tiempo de poder reconducir la situación. Para ello deberíamos aclarar algunas cuestiones, que formulo a modo de hipótesis:

n  Si la participación de ciudadanos y ciudadanas de Málaga, rondaran las 5.000 personas, organizadas en los barrios, en las comisiones de debate y elaboración, haciendo propuesta para un nuevo Ayuntamiento ¿estaríamos planteando algún problema sobre la confluencia y convergencia a las municipales?.

n  ¿Por qué no se puso en marcha un mecanismo distinto desde el principio, que garantizara el empoderamiento ciudadano?. A quién o quiénes no les interesaba hacerlo, comenzando la casa por el tejado.

n  Los enfrentamientos habidos hasta la fecha ¿son del todo irreconciliables o estamos a tiempo de reconducir el proceso y ponerlo en manos de los ciudadanos, sin carnet en la boca?

n  ¿Estamos en capacidad de dar todo el poder a la asamblea ciudadana, sin imposiciones de fórmulas jurídicas, y que se la Asamblea la que decida todo lo que haya que decidir?.

Sin una respuesta clara a estas cuestiones el proyecto será PERDIMOS, no GANEMOS.

Si por el contrario, como si la historia fuese un ordenador que se ha quedado enganchado y que hay que REINICIAR, con altura de miras, con generosidad y compromiso por el cambio real, apagamos el ordenador y REINICIAMOS, es muy posible que la ciudadanía cambie su percepción del proyecto y pueda asumirlo como suyo.

Pienso que estás son las cuestiones a debatir de cara a tomar una decisión (ciertamente urgente), que nos indique si seguimos adelante o no, con la única condición de que no engañemos a la gente. A nosotros mismos podemos engañarnos, pero al pueblo NO.


jueves, 13 de noviembre de 2014

CORRUPTOS


La corrupción, en el ámbito de lo político, se ha colocado como uno de los principales problemas señalados por la población española en las encuestas del CIS. No hay informativo de TV o radio, ni periódico que no abran sus portadas con casos de corrupción desde hace ya bastante tiempo. La ciudadanía ha calibrado la importancia de estos hechos y va pasando del “todos son iguales” al “esto hay que cambiarlo”.

La mayoría de los partidos políticos están implicados: PP, PSOE, IU, CIU, y otros, dando así una imagen unitaria de lo poco que les importa la gestión transparente de lo público y un trabajo serio por el bien común. Como pareciera que a todos se les va pillando (aunque deduzco que como en los alijos de droga se detectan uno de cada diez), los partidos se afanan en lanzar proclamas sobre medidas anticorrupción y por la transparencia en la gestión pública. Como diría Joaquín Sabina: “Ahora es demasiado tarde, princesa”.

La deducción es simple: si no se hubiesen descubierto la vergüenza de cientos y cientos de casos de corrupción, los partidos seguirían instalados en el “aquí no pasa nada”. Ahora, en un alarde de respuesta a la corrupción política, se apresuran con declaraciones bienintencionadas, intentando al mismo tiempo escabullirse de algunas dimisiones necesarias. Mientras, la ciudadanía reflexiona sobre lo que no se ha hecho en 35 años de democracia, la complicidad manifiesta de los partidos gobernantes para no fijar mecanismos reales de control y transparencia desde el principio. Y se da cuenta de que sólo se han puesto manos a la obra cuando han sido pillados.

Siguen inmersos en sus discursos del “y tu mas”, peleando incluso por las medidas que han de tomarse y ofreciendo pactos contra la corrupción. Tanta estulticia es una ofensa a la inteligencia ciudadana.

La decisión está tomada y así se va reflejando en todas las encuestas y sondeos electorales que van apareciendo:”no les queremos más”. Parece claro que ha llegado el momento del cambio para este país, con propuestas serias, rigurosas, de recuperación de la dignidad y de la decencia. Y los partidos a la clásica no solo han perdido la oportunidad de ser respetados por los electores, sino que han hecho todo lo posible para ganarse su desprecio más absoluto.

Todas las medidas que anuncian ahora a bombo y platillo son de cara a la galería, para que salgan en los medios, pero jamás se preocuparon de adelantarse a los hechos. Simplemente no les interesaba y así, escándalo tras escándalo, han ido cavando su propia fosa que los llevará a una larga travesía del desierto.


lunes, 3 de noviembre de 2014

SE ACABÓ LA FIESTA.


Basta recordar el proceso de transición en España para darse cuenta de dónde estaban situados los intereses de la entonces “clase política”. Arias Navarro de presidente post-franco, representaba los intereses del “movimiento” y pretendía establecer un Franquismo sin Franco, una continuación del régimen. El Rey Juan Carlos, bien asesorado, optó por retirarle su confianza y nombra a Adolfo Suárez Presidente del Gobierno, encargándole expresamente el inicio de transición a una democracia moderna. Suárez viaja a Washington para el obtener el visto bueno de la nueva opción para España, recibiendo el apoyo norteamericano de inmediato. Se inicia, así el proceso de transición que no se concretará hasta la firma de los “Pactos de la Moncloa”, dos años más tarde.

La redacción de la Constitución Española del 78, sirvió de motivo para afirmar la ruptura con el régimen anterior y perfilar un país nuevo, moderno y adaptado a los tiempos europeos. Nuestra actual Constitución, aunque ya necesita una puesta a punto pasando por la ITV, recoge una serie de declaraciones de principios que han sido vulnerados por todos los gobiernos desde el 79 hasta ahora. Ningún partido ha entrado en la defensa de estos principios y de articulados concretos que sitúan al pueblo como principal soberano y aparece protegido por encima de los intereses económicos en lo referido a su propio bienestar con la gestión de los servicios básicos a la población. La Constitución simplemente ha sido utilizada para frenar, reprimir o castigar, aquellos empeños territoriales que no se amoldaban al modelo descrito y aprobado, pero nunca se tomó como libro de cabecera para acometer una verdadera política de Estado.

Los partidos se amoldaron al nuevo sistema, fabricándose al efecto una Ley Electoral absolutamente injusta, que permitía la presencia de dos grandes partidos y que realmente les ha funcionado durante todo este tiempo. Tanto PP como PSOE, han sido paladines de lo que ellos denominan “estabilidad”, respetándose en la alternancia para que nada cambiara. Más allá de algunas cuestiones de maquillaje, ambos han estado y están de acuerdo en lo que denomino “Los principios fundamentales del Sistema”. En la alternancia les ha ido bien, tenían su cantera de vividores de la política pero lo importante era estar o recuperar el poder en todo momento, sumiendo a los españoles en un discurso arcaico de las izquierdas y las derechas, reflejo de la época post-franquista, con el fantasma de la guerra civil en las mentes del personal.

Y no se han dado cuenta que esta realidad ha cambiado. Demográficamente, nuestro país ha sufrido un cambio generacional que no ha sido asumido ni estudiado por los grandes estrategas y analistas de las máquinas de marketing en que se habían convertido ambos partidos, pensando que todo les funcionaría igual que hasta ahora, hiciesen lo que hiciesen, pasara lo que pasara y con la total impunidad de que han disfrutado en todo este tiempo.

Han pasado casi 40 años de la muerte del dictador y durante este tiempo también han ido cambiando la edad de los españoles, su formación y capacitación, teniendo hoy a una gran parte de la pirámide poblacional que sólo ha vivido en democracia. Una mayoría que ha visto todo el proceso político y que conoce y analiza sus propias contradicciones, con una responsabilidad ciudadana al alza. Alguno dirá que esto mismo ocurría hace tres años, cuando más de 10 millones de españoles votaron al PP. Y es cierto.

Pero lo que ha cambiado, partiendo de los jóvenes y sumando cada vez más voluntades de distintas capas de la población, sobre todo de capas medias, es que en estos tres años transcurridos de gobierno del PP se ha llegado al hartazgo del propio sistema. La ciudadanía ya no aguanta más y no está dispuesta a ser cómplice de un sistema que actúa contra ellos en lugar de respetar la Constitución y aplicar políticas públicas en beneficio del pueblo. Se les ha ido de las manos, a ellos y al resto de partidos irrelevantes que pretendían jugar en ese mismo tablero para, alguna vez, romper el bipartidismo haciendo de bisagras o muletillas y promoviendo algunas reformas.

Pensaban que esto sería siempre así, que la población española seguía siendo inmadura y temerosa de cambios bruscos de orientación, avalando sus tesis del bipartidismo. Y se equivocaron. Lo único que aparece claro en estos momentos es que España necesita un cambio, un cambio real de reglas, prioridades, escenarios, líderes y representantes del pueblo. No les asusta la opción de Podemos, lo que realmente les asusta a ambos y a los irrelevantes, es perder todo el poder que han ido acumulando durante este tiempo y que no han sabido utilizar para ilusionar al país, relegándolo a un estado europeo de segundo nivel mientras vivían de lujo a costa de los demás. Simplemente, se acabó la fiesta.