sábado, 19 de marzo de 2016

VergÜEnza

El acuerdo alcanzando por los líderes europeos y Turquía para la expulsión de los refugiados a partir del domingo 20 de marzo, deja muy tocada a la Unión Europea ante la opinión pública de sus ciudadanos y ante la comunidad internacional. Lejos de mostrar la cara amable del cumplimiento obligatorio del refugio, según la Carta de las Naciones Unidas, la UE ha decidido externalizar el servicio de expulsión y atención a los refugiados a un tercer país. Es decir, ha contratado a Turquía para que se encargue de solucionar el problema.

Contratar servicios de este tipo no es un asunto nuevo, ya se ha hecho en otras ocasiones aunque con un nivel mucho menor (Ruanda, Burundi, Uganda, etc.,), pero estos contratos nunca salen gratis y de momento Turquía se embolsará 6.000 millones de Euros para “atender a los refugiados”. Urgente que la propia Unión Europea envíe veedores para controlar si efectivamente se está atendiendo a los refugiados y las organizaciones internacionales deben dar prioridad ahora a este asunto manteniendo en Turquía a sus observadores para denunciar cualquier tipo de incumplimiento de las obligaciones contraídas por el país contratado.

Además del dinero, Turquía ha exigido la exención de visados para los ciudadanos turcos hacia Europa y el compromiso para acelerar desde el Consejo Europeo el proceso de incorporación de Turquía a la Unión Europea a pesar de sus permanentes violaciones de los Derechos Humanos.

Ahora nos explicamos por qué Erdogan no hizo nada por frenar los flujos de refugiados desde las costas turcas hacia Grecia. Sabía perfectamente que este tapón iba a ponerles en bandeja a una Unión Europea frágil y sólo era cuestión de esperar. Turquía no es ninguna ONG, es un Estado con muchas lagunas en lo social, en el respeto y cumplimiento de los Derechos Humanos, y por mucho que asuma la contratación para limpiar las vergüenzas de la Unión Europea, mucho me temo que no parará de exigir otros temas para obtener mayores beneficios de los conseguidos, sin que para ello tengan que organizar ninguna otra Cumbre, es decir, sin luz ni taquígrafos.

La Unión Europea ha demostrado su mediocridad. Ha optado por la solución más cómoda: la contratación de un tercero, dejando a su suerte a millones de refugiados que huyen de la guerra, de la muerte, del hambre y las enfermedades. Nos ha mostrado su verdadera cara y ha sembrado una semilla que difícilmente podrá parar, la desconfianza de sus propios ciudadanos. Van a repetir lo que ocurrió en Europa en la Segunda Guerra Mundial, alojamiento de refugiados en campos (muchos de ellos españoles en Francia), contando con el aval de su contrato con Europa. Siento vergÜEnza de esta decisión, como europeo, como humano y estoy seguro de que otras opciones mucho más humanitarias hubieran sido posibles si otros políticos estuviesen al frente de los gobiernos europeos. Seguramente seguimos teniendo lo que nos merecemos.



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