sábado, 4 de agosto de 2012

EL DOLOR SIRIO.


Agosto será un mes decisivo en la resolución del conflicto en Siria. Las autollamadas y aceptadas (tanto por los medios de comunicación como por la comunidad internacional) “fuerzas rebeldes”, realizan duros ataques en varias ciudades del norte y centro del país. En algunos barrios de la capital se comienza a luchar calle a calle, mientras que en la segunda ciudad siria, Alepo, los combates son encarnizados, utilizando el ejército los bombardeos más o menos indiscriminados.

Mientras Kofi Annan ha tirado la toalla, ante la imposibilidad de mediar en el conflicto, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas continúa sin encontrar la fórmula que comprometa a los representantes en una solución pacífica y duradera. Se convierte en una “Misión Imposible” restablecer las opciones de un acuerdo que encuentre un camino hacia la paz.

Contando con un número de víctimas en aumento, cada día más indiscriminadas, hay que volver a exigir a la comunidad internacional un último esfuerzo para solucionar de forma dialogada el conflicto. Hemos de tener en cuenta algunos factores en esta especie de continuación de la primavera árabe, que sin embargo ha contado con algunas diferencias sustanciales con las ocurridas en el resto de países mediterráneos.

Rusia y China continúan negándose a apoyar una intervención internacional, que sin embargo se viene dando de facto. A nadie se le escapa que la CIA y el MOSSAD han optado en esta ocasión por dotar militarmente a los rebeldes con armamento de distintas proporciones, municiones y pertrechos militares. Turquía, socio de la OTAN, ha servido de corredor para la dotación de armas ante los temores de Israel por la posible utilización de Al Assad de las armas químicas.

La opción utilizada por los países de apoyo a los rebeldes en esta ocasión, ha sido la de no mancharse directamente en el conflicto, para asegurar su éxito evitando reacciones en cadena que pudieran perjudicar la seguridad en Israel. No han dudado para ello en generalizar la guerra en territorio sirio, aún a sabiendas de que ello perjudicaría a la población civil, a la que se viene utilizando como escudo humano por ambos bandos cada vez con mayor número de víctimas.

No cabe duda que son muchos los intereses geoestratégicos que se juegan en la zona y que son dichos intereses los que realmente ordenan el escenario bélico y los posicionamientos internacionales. Es lo que ha denunciado Annan para renunciar a su misión especial para Siria.

El conflicto amenaza con extenderse hacia Líbano e Irán, verdadero objetivo de occidente, y debería ser este extremo la principal preocupación de las Naciones Unidas. Sin embargo, una vez más, asistimos a la débil fortaleza de la ONU para la resolución y/o prevención de conflictos. Personalmente, sólo me preocupa la suerte que correrán cientos de miles de sirios cercados en un conflicto creado artificialmente por los países que hace poco tiempo eran amiguísimos del presidente Al Assad.

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