miércoles, 8 de septiembre de 2010

¿CÓMO VA ESPAÑA?

Nadie diría ahora aquello de que “España va bien”, frase acuñada por la derecha más rancia que ha conocido este país después de Franco y que pretendía hacernos sentir un poco más felices e identificados con el amor patrio. La opinión compartida hoy por la inmensa mayoría de la población es que España va muy mal, como poco, mal. Y ello especialmente provocado por el no saber hacer de nuestros responsables políticos. La ciudadanía, al ser preguntados sobre los problemas del país, ya colocan en los últimos barómetros de opinión a la “clase política” como el tercero de nuestros males, cundiendo una especie de desprecio hacia lo que representan y metiendo, de forma irresponsable, a todos en el mismo saco. Desde una visión holística de nuestra realidad, podríamos pensar que estamos en un camino que hay que recorrer y al que no le valen recovecos ni atajos. Es el camino de la concepción democrática del Estado que obviamente no se consigue de la noche a la mañana. Y el que hayan pasado 35 años desde la recuperación del sistema democrático no quiere decir que de golpe y porrazo se consiga armonizar y desarrollar todas las potencialidades de tal sistema. Este periodo ha servido para darnos una carta magna que posibilite la convivencia generalizada después de haber estado condenados a la oscuridad, ha servido para que nos dispongamos a aprehender las virtudes de la democracia y a aprender sus conceptos fundamentales. Cómo en todo proceso educativo y de asunción de valores, en nuestro caso nos hemos encontrado con demasiados fracasados escolares en este aprendizaje, aquellos que no han sabido captar las razones principales del trabajo para el bienestar común y el desarrollo en libertad. Aquellos que se han aprovechado de su status de poder político en beneficio propio y de terceros, entes partidarios que se han financiado de forma irregular y que forman parte de los inadaptados socialmente, aunque algunos sigan defendiendo que precisamente son los más adaptados. Aquellos que se han mirado demasiado en el espejo cada mañana, pasando a ser los protagonistas principales de la película y olvidándose de para qué han sido elegidos o designados. En este proceso educativo ha estado y está la sociedad en general, que presenta muchas imperfecciones y que se reflejan lógicamente en los políticos citados anteriormente, ya que ellos también son parte de la misma. Es decir, el reflejo de lo que somos como sociedad lo concretamos después en todo: en la política, en el pensamiento, en la idiosincrasia, en los valores y contra valores. Por ello, el dicho de que tenemos lo que nos merecemos, no deja de tener cierto empuje de realismo, ya que con el soporte de los medios de comunicación de masas la clase política ha podido introducir y mantener algunas concepciones que le vengan bien en sus intereses concretos con el simple objetivo de consolidar una situación que les favorezca. Por eso hemos de continuar reflexionando y provocando la reflexión entre la ciudadanía en general, trasladando el mensaje de que las cosas pueden cambiarse, que esto no tiene por qué continuar como está ahora, que los responsables máximos de la situación somos todos y que no vale echar balones fuera para ocultar nuestras equivocaciones. Conseguiremos una sociedad mucho más avanzada en el momento en que exista una clara correlación entre las responsabilidades comunes y aquellos que tienen la representación para ejecutarlas y trabajar para mejorar nuestro presente observando con clarividencia el futuro.

1 comentario:

José Luis Martínez Hens dijo...

Hay que luchar porque la ciudadanía empiece a asimilar que la política es necesaria e imprescindible y que cada uno tiene que luchar por ella desde su pequeña parcela y no dejarlo todo a esa clase social que son los políticos de los dos grandes partidos y sus cachorros.