martes, 9 de septiembre de 2014

11S, GOLPE DE ESTADO EN CHILE.


Además de la Diada en Cataluña y los recuerdos del 11S en Estados Unidos, no debemos olvidar que en la misma fecha se produjo el golpe de estado fascista que terminó con las aspiraciones de cambio del pueblo chileno. Después de haber engañado al Presidente Allende asumiendo la comandancia de los ejércitos, Augusto Pinochet perpetró un golpe sangriento y que sumió a Chile en años de oscuridad, muerte y exilio.

El gobierno de la Unidad Popular (UP) había llegado al poder en las elecciones de 1970. El desarrollo acelerado de muchas de sus propuestas sociales y económicas pronto hicieron saltar las alarmas en Estados Unidos que no podría permitir que en su patio trasero se instalara y consolidara una segunda vía al socialismo. Ya tenía su espina clavada con la revolución cubana y si el ejemplo cundía en otros países se podría llegar al socialismo por cualquiera de las dos vías.

Maquinó, estructuró y planificó, en connivencia con los militares golpistas y la derecha chilena, toda una serie de movilizaciones y huelgas que desestabilizaran al gobierno de Allende, al tiempo que sirviera de aviso a navegantes para aquellos países que intentaran una aventura similar. En menos de dos años la CIA había conseguido instalarse en las entrañas del ejército, el poder económico capitalista y los extremistas de derecha que sirvieron de peones civiles para el proceso de desestabilización interna.

Uno de los problemas internos que tuvo la Unidad Popular fue el gran número de siglas y partidos que conformaban la coalición. Aunque el gobierno de Allende tenía marcada una línea clara de ejecución de las políticas públicas y la presencia en el exterior, no es menos cierto que algunos de los grupos integrantes de la UP tensaban la cuerda según sus intereses políticos o ideológicos, provocando en ocasiones pasos acelerados en cambios que deberían haberse dado como procesos y no por decreto ley. Estos ritmos acrecentaron los tiempos de los golpistas a las órdenes de Estados Unidos y se apresuraron con los planes previstos.

Pero no podemos olvidar el aprendizaje que deja para la historia una situación que puede volver a repetirse en cualquier momento y en cualquier lugar, incluso en las democracias occidentales. La injerencia norteamericana, lejos de haber desaparecido, continúa más viva que nunca: Honduras, Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador, Argentina, etc., utilizando métodos y tácticas diferentes, sin descartar la vuelta a los posibles enfrentamientos fraticidas provocados desde el exterior.

Chile está aún recuperándose de los efectos psicológicos de miles de desaparecidos, asesinados y presos del régimen fascista. El miedo continúa instalado y saben que los peligros no han desaparecido. El atentado terrorista del pasado día 8 de septiembre ha encendido todas las alarmas. Recordamos a todos los chilenos que sufrieron por la inquina despiadada de la CIA y los golpistas de la extrema derecha chilena, en el deseo de que nunca jamás revivamos estas historias.



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