sábado, 16 de mayo de 2015

INVESTIDURA, NIVEL USUARIO.


Susana Díaz continúa sin recibir ningún apoyo para obtener su envestidura como Presidenta de la Junta de Andalucía. Está removiendo Roma con Santiago, llamando a los líderes nacionales de todas las fueras políticas con representación, excepto a Cayo Lara por motivos obvios, sin que haya servido para nada. Continúa con su discurso pueril de la defensa de los andaluces, cuando han sido los propios electores andaluces los que han dibujado el arco parlamentario que querían. Reparte culpas a diestra y siniestra, pero sigue enrocada en su posición de no ceder ante nada ni ante nadie.

Acostumbrados como estaban a las mayorías absolutas, a excepción del pacto con IU en las anteriores elecciones que les costará la travesía de un largo desierto, el PSOE andaluz no entiende que contando con 47 escaños frente a 62 de la oposición no le queda otra que sentarse a negociar si quiere gobernar. La metodología de la negociación exige no solo que haya que ceder por ambas partes en sus puntos iniciales, sino que además se lleguen a posiciones comunes que permitan alumbrar una continuidad del gobierno resultante. No serviría de mucho que ahora pudiera obtener la investidura en solitario, sin pactos, si a la vuelta de la esquina la oposición en bloque le vota en contra unos presupuestos o les neutralizan todas las leyes que vayan al parlamento para su aprobación.

Los electores andaluces han dicho dos cosas el 22 de Marzo: Primero, que no querían un gobierno de mayoría absoluta, cosa que no ha entendido la señora Díaz enarbolando sus buenísimos resultados; y, Segundo, que el apoyo mayoritario lo tienen las fuerzas políticas situadas a la izquierda del tablero, mensaje suficiente como para sentarse a negociar con ellas.

Pero de nuevo se hacen oídos sordos a la ciudadanía, pretendiendo echar la culpa a los demás partidos, insistiendo en el bloqueo, rememorando la inexistente “pinza”, denunciando el estancamiento de la gestión autonómica y casi exigiendo que se le dé lo suyo. Lo último ha sido recurrir al lobo de que habrá que repetir las elecciones, lo cual representaría el mayor fracaso del PSOE andaluz en su historia política en esta comunidad.

Cuando Susana Díaz decidió adelantar las elecciones, al borde de un ataque de soberbia, debió contemplar que se diera esa realidad entre las posibilidades electorales. Quizás intereses personales de carrera hacia la Moncloa le nublaron la visión política de lo que necesitaba realmente Andalucía. Pero ahora el daño ya está hecho y le toca al PSOE, no a los demás partidos, mover ficha. Si quieren gobernar tienen que sentarse a pactar y negociar por el bien de los andaluces. Si lo que quieren es estirar el chicle para ver los resultados del 24 de Mayo y que se fuercen entonces los pactos de la “Gran Coalición” con el Partido Popular, será su responsabilidad.

De momento, el PSOE sigue haciendo el ridículo más espantoso simulando desconocer a los demás y los andaluces les castigarán por no haber sabido entender los resultados electorales.

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