martes, 22 de diciembre de 2015

LA NUEVA ESPAÑA


No estábamos acostumbrados en nuestro país a unos resultados electorales que pusieran en solfa la elección del Presidente y, por ende, del Gobierno del Estado. Alguna referencia sí que hemos tenido en parlamentos regionales como Andalucía o Cataluña, que aún perdura, pero a nivel estatal será la primera vez en que la margarita tarde en deshojarse.

Todo apunta a que Rajoy podrá ser investido Presidente con la ya anunciada abstención de Ciudadanos y, en tercera votación, con la abstención del PSOE por aquello de la responsabilidad para el funcionamiento institucional. Rajoy podría estar formando gobierno para mediados de Febrero de la que se augura será la legislatura más corta de nuestro periodo democrático: O bien se tensa la cuerda ahora de tal forma que se provoque una nueva convocatoria electoral para el mes de mayo, o será para Noviembre, con la no aprobación de los presupuestos por parte de la oposición, cuando se convoquen los comicios otra vez en Navidad.

Para aquellas personas que les provoque una cierta inseguridad esta situación, sería bueno que recordaran que Italia lleva así decenas de años, sin ningún problema para sus instituciones, con gobiernos que han durado semanas o meses, con permanentes elecciones y pactos a diestra y siniestra. Otros países europeos están más que acostumbrados a este tipo de situación con pactos a tres, cuatro y hasta cinco partidos, sin que por ello se haya resentido su democracia ni dejado de funcionar su aparato institucional. Por ello, sería muy bueno que no tuviésemos ningún tipo de temor ante este tipo de situaciones.

El más interesado en convocar nuevas elecciones es el propio Rajoy, ya que el PP obtendría buena parte del apoyo de esos votantes temerosos de la ingobernabilidad y cuanto antes, mejor. Pero el segundo partido que se beneficiaría de ese adelanto electoral sería Podemos, sumando los apoyos de aquellos que no creían en sus posibilidades de formar un grupo numeroso en el Congreso y que con los resultados obtenidos ahora pescaría votos de un PSOE que se verá envuelto en los próximos días en un terremoto interno que les llevará al precipicio. Junto al PSOE, el otro perjudicado sería Ciudadanos que vería como parte de sus votos irían de nuevo al PP para garantizar la gobernabilidad.

Así las cosas, me atrevería a pronosticar que esta nueva situación ha venido para quedarse: Una nueva correlación de cuatro fuerzas políticas que harán difíciles las mayorías parlamentarias de antaño y que obligarán a sus señorías a partirse el pecho para logar pactos que permitan gobernar. Diría que por fin vamos a tener en esta nueva España un verdadero Parlamento, donde será obligatorio hablar con los otros y llegar a acuerdos de calado que beneficien a la mayoría social. Se acabó el anodino quehacer político del rodillo y el turnismo o alternancia entre PP-PSOE, ya que otros actores han entrado en el tablero político del país.





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