lunes, 16 de agosto de 2010

TRISTES POLÍTICOS.

Nuestro país está pasando por su época más triste desde la recuperación de la democracia. Digo triste, porque dificultades las hemos tenido siempre y de toda índole, dificultades y crisis que hemos ido superando más o menos bien, saliendo de ellas aunque fuera a trompicones. Pero la tristeza de este periodo reside en que la llamada “clase política”, la que gobierna el país y la que hace oposición, presenta el perfil más bajo conocido en su valoración como políticos y de la política. Dicha valoración viene deducida fundamentalmente del desapego o despreocupación de la ciudadanía, del hartazgo por las formas y la sinrazón de que tengamos que aguantarnos porque esto es lo que hay. Para mí, los tristes, son esas personas que sabiendo de su incapacidad para llevar a cabo políticas públicas que mejoren las condiciones de vida de sus conciudadanos, han entrado a esto de la política encontrando su vínculo celestial y alejándose cada vez más del populacho, al que de vez en cuando llaman electores o pueblo, dependiendo de si requieren de su voto o de que quieran arrogarse su representación. Estos tristes que parten de la filosofía isabelina, no de la reina, sino de María Isabel, se miran el espejo cada mañana para decirse sin sonrojo:”antes muertos que sencillos”. Eso es lo que les aleja más de los verdaderos problemas de los demás, su falta de sencillez para abordar con la requerida ejemplaridad su quehacer común, social y político. Cuando una persona pierde su status de ciudadano al servicio de, para situarse en un nivel superior por encima de los demás sin observar con la clarividencia necesaria los pasos a dar, en ese momento, pasan de ser gestores de lo público a energúmenos públicos número 1. Por eso es obvio que no reconozcan sus fallos, su decadente imagen y que se nieguen a convocar elecciones anticipadas para reconducir y poner en línea la opinión de la calle, de los que votan, con los resultados electorales que corresponden en este momento. Más preocupados por el marketing electoral y en cómo remontar unos puntos en las encuestas, acuden al tiempo para solventar su problema de respaldo. El país les importa bien poco, lo que opinen los ciudadanos menos. Como casta solo se importan a sí mismos. Por eso son tristes. Tenemos la oportunidad de cambiar esto. Debemos cambiarlo. Y únicamente puede hacerse desde el vuelco electoral, dejando disminuidos a los bloques hegemónicos tradicionales, apostando por nuevas opciones que demuestren a los iluminados tristes de la política que hay otras formas de hacerla, que se puede ser responsable en la gestión de lo público y que al hacerlo uno no tiene por qué salirse a la estratosfera de los inmortales e imprescindibles. Tenemos que ser capaces de no dejarnos abatir por esta triste experiencia y confiar en que aún estamos a tiempo de voltear la situación y reconducir semejante insulto a la inteligencia de nuestro ser como ciudadanos.

1 comentario:

nida dijo...

Paco estoy totalmente contigo, hay una falta de sentido común que es espeluznante. Políticos que se sirven de la política y no hacen nada que no sea por ellos. Al margen de los ciudadanos, de lo que piensan, de lo que sienten, de las necesidades de la ciudadania. Están en una escala superior, pero con los ojos tapados, no quieren ver. Hay que bajarse a la realidad, y ellos no están dispuestos. Saludos