martes, 16 de noviembre de 2010

HAITÍ, ENTRE ATAÚDES Y URNAS.

La convocatoria de elecciones legislativas y presidenciales en Haití, para el próximo 28 de noviembre, está siendo cuestionada por cada vez más voces de la comunidad internacional y de la intelectualidad haitiana. Un país que vive bajo los efectos del tremendo y devastador terremoto de enero de este año, con cientos de miles de personas desplazadas guarecidas apenas por trozos de plástico y tela, que sufren todas las inclemencias del tiempo, especialmente las tormentas tropicales, el calor asfixiante y los huracanes que no han pasado de largo este año, en medio de una condiciones higiénico-sanitarias y alimenticias de muy bajo nivel, y que sufre una epidemia de cólera gravísima que ya está rondando las 1.000 muertes y que amenaza con multiplicar ese número por cinco; un país en esas condiciones ¿está preparado para afrontar unas elecciones presidenciales y legislativas? , ¿Cuáles serían las opciones de no celebrarse las elecciones? ¿Cuál sería el papel de la comunidad internacional presente en Haití? Bajo mi punto de vista Haití se encuentra sumida en un caos cada vez mayor y que precisa de una decisión de fuerte apoyo de la Comunidad Internacional. Hasta ahora, en las tres Conferencias de Donantes celebradas por los países de apoyo, en las que se han comprometido fondos para la reconstrucción de Haití que todavía no se han desembolsado, ni siquiera existe un plan real de reconstrucción y las gentes siguen viviendo en el desamparo casi absoluto sin ninguna previsión sobre su futuro. Plantear en esta situación una campaña electoral seria, con garantías de participación y elección democrática, no parece lo más oportuno, a no ser que se pretenda hacer un paripé de implantación democrática en el país caribeño. Ya solicitaba en febrero de este año la proclamación de la situación de administración fiduciaria para Haití, conformando un equipo de Gobierno y Reconstrucción conjunto entre un Alto Representante de las Naciones Unidas y el actual gobierno haitiano. Su función sería la de poner en marcha y controlar todas las operaciones necesarias para garantizar, al menor plazo de tiempo posible, la vuelta a la normalidad. Normalidad que, por cierto, en Haití ya era bastante lamentable antes de los desgraciados hechos de terremotos, huracanes y cólera. Garantizaríamos así la buena planificación en la reconstrucción y un control certero sobre los fondos aportados por los donantes. En ese entonces fijaba la temporalidad en un periodo de cinco años, espacio suficiente para abandonar la administración compartida. Ahora convocar unas elecciones presidenciales y legislativas en un país que se encuentra en medio del caos podría llevar a una situación de mayor desorganización de la que hay y retrasar por varios meses el necesario avance del apoyo a los habitantes. Por eso debería de plantearse la Comunidad Internacional si no sería mucho más importante y necesario para la población, aplazar por un periodo de dos años la celebración de dichas elecciones, de forma tal que diera tiempo a una mínima recuperación del país, implantando una fórmula de administración conjunta que permitiera a Naciones Unidas apoyar todo el proceso de reconstrucción garantizando la buena gestión y la transparencia de los fondos al tiempo que la población haitiana pueda recomponer sus niveles básicos de habitabilidad, de salud, de educación, saliendo poco a poco de la crisis humanitaria en la que viven y dando paso a unas elecciones democráticas que en estos momentos se acercan más al esperpento que a la necesidad. Haití es país que actualmente tiene centrada su atención en los ataúdes no en las urnas.

2 comentarios:

Maria Pineda dijo...

Nunca he entendido de política pero cada vez la entiendo menos...

Anónimo dijo...

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