viernes, 11 de febrero de 2011

EGIPTO SIN MUBARAK

Tras el amago de quedarse hasta las elecciones de septiembre en el poder, Mubarak abandonó la presidencia veinte horas más tarde de su anuncio del jueves en la noche. Según algunas versiones bastante documentadas su demora en tomar la decisión se debió a que no sabía exactamente qué hacer con la fortuna de 50.000 millones de euros que se considera tiene acumulada, pero sin duda han influido en este cambio de opinión las presiones de Estados Unidos, Alemania y Francia, para que reconsiderara su aptitud y saliera cuanto antes del poder. El miércoles pasado el Director de la CIA ya había anunciado la inminente renuncia de Mubarak, lo que indica el nivel de presión que ha debido vivirse en las alturas gubernamentales en las siguientes horas. Sea como fuere, lo cierto es que tenemos al coloso del mediterráneo en un proceso de democratización sin precedentes en la zona y que nos encontramos ante las dudas del futuro inmediato para más de 84 millones de egipcios y del posible efecto dominó que tenga en el mundo árabe la caída del régimen de Mubarak. El escenario plantea, bajo mi punto de vista, tres opciones que no debemos descartar. La primera, la posibilidad de que la facción más reaccionaria del ejército egipcio diera un autogolpe para hacerse con el poder orientando una salida distinta a lo que se viene pregonando desde occidente. La segunda posibilidad es que los egipcios realicen una transición ejemplar, modélica, que sirva de espejo al resto de países hermanos y se convierta su proceso en un camino admirado y a seguir por otros estados. Y, la tercera, es que el proceso se empañe con un aumento del integrismo islámico en el país que conduzca en breve plazo a una desestabilización aun mayor, “iranizando” el mundo árabe, lo que pondría en peligro la paz en el mediterráneo. Los hermanos musulmanes se han situado muy bien en este proceso egipcio al igual que la figura de El Baradei, para ser parte del proceso democrático de cambio, pero no olvidemos que en río revuelto siempre suele pescar el integrismo islámico. Ello daría al traste con todas las ilusiones de millones de egipcios y, sobre todo con las intenciones de Occidente, que ha pasado de apoyar a estos regímenes autoritarios a provocar los cambios. Ahora toca observar cuáles serán los siguientes movimientos del proceso egipcio. Estados Unidos, La UE y Naciones Unidas, se van a volcar en la transformación del régimen, pero sin duda también lo harán Irán, Siria y Libia. Lo que parece evidente es que dicho proceso no debe eternizarse y que debe ser rápido, muy rápido y ordenado, para garantizar las aspiraciones de cambio que ha pueblo ha reclamado.

1 comentario:

ciudadano libre dijo...

Coincido plenamente con tu análisis.
Saludos
José Luis Zamarriego