domingo, 23 de enero de 2011

MITOMANÍA

Contrariamente a lo que a nivel popular se piensa, la mitomanía no tiene mucho que ver con la adulación a determinadas personas o cosas, la admiración por los grandes mitos ni con la tan usada frase de “se me acaba de caer un mito”. Es el “mito” la voz que recoge la definición sobre estima extraordinaria hacia una determinada persona o cosa, que acoge el significado de la tendencia a mitificar a una persona, cosa o suceso determinado. Pero la mitomanía está considerada como una enfermedad psicológica, pues se trata de una inclinación patológica a decir mentiras o a relatar cosas fabulosas, transformando la realidad al explicar o contar un hecho. Esta acepción procede de lo más amplio de la definición de lo “mítico”, como lo fabuloso, legendario y fantástico y que, por lo tanto, tiene más que ver con la fabula, la leyenda, la ficción, la quimera, la invención, el cuento o lo imaginario. A veces se entrecruzan las dos definiciones, cuando el mitómano se inventa cosas en relación a su mito (persona, cosa o suceso) y, en este caso, ya no es de psicólogo el asunto, sino de psiquiatra. No es difícil, en la realidad que vivimos, caer en estas inclinaciones, pues nos encontramos a demasiadas personas que centran su relación y comunicación con los demás en lo relativamente cerca que estén (o crean estarlo) de determinadas personas a las que él considera un mito y cree que para los demás tiene el mismo sentido. Son mentes especialmente enfermas, carentes de grandes dosis de personalidad, baja autoestima y escaso reconocimiento social, que sucumben a la patología de la mitomanía para hacerse un hueco en la realidad que construyen a base de mentira y leyenda, pero que a ellos les sirve para sentirse bien. Cuando no saben distinguir entre un determinado grado de admiración hacia una persona o cosa y recurren a crearse su propio mundo, pierden todas las posibilidades propias de ubicarse y es a partir ahí cuando la falsedad, la mentira y el engaño crecen para mantener la ficción. De la gente que me rodea conozco a varios, a los que por respeto nunca les indico nada en este sentido, pues una de las características de los mitómanos es que jamás reconocerán tal hecho, desmintiendo que lo sean y abriendo un abismo al futuro de la relación contigo. Viéndose descubierto recurrirá a eliminarte de sus amistades por poner en peligro su mundo inventado y te declarará su enemigo. Luego están los aprovechados de usar la mitomanía, que son esa clase de personas que no dan un palo al agua porque han descubierto que centrando su admiración e identificación total con la persona admirada recogen los frutos necesarios para medrar en esta vida, sea en la política, en el trabajo, en el arte o en cualquier campo. Estos son los más peligrosos, porque dándose cuenta del empleo que hacen del mito lo que esperan es obtener beneficios de reconocimiento ante los demás. Deformación de la realidad (leyenda o fábula) de la que saldrán beneficiados.

2 comentarios:

Francisco José González dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Francisco José González dijo...

Totalmente de acuerdo. Certero y profundo. Lo peor es que los mitómanos del primer grupo cuando el mito se cae, se sienten huérfanos, descolocados..., pero lo seguirán defendiendo buscando argumentos imposibles en sus mentes enfermas; los del segundo grupo, no, se adaptan rápidamente a las circunstancias,se reconstruyen, y como todos los conversos se ponen en primera línea a hacer leña del arbol caido. Son esos tipos sin escrúpulos capaces de reinventarse las veces que sea necesario.