miércoles, 29 de junio de 2011

ELECCIONES EN OTOÑO

Lamentablemente Zapatero se despide pero no se va. Es como aquel invitado pesado que viene a la casa a visitarnos y se pega dos horas diciendo que se va pero nunca lo hace, convirtiéndose en un pesado irresistible. Ayer mismo, en el debate del Estado de la Nación, podía haber aprovechado su despedida y dirigirse a almorzar a la Zarzuela para comunicarle al Rey la disolución de las cámaras y la convocatoria de elecciones anticipadas. Pero no lo hizo. Amenaza con quedarse todo lo que pueda o permitan los grupos que le han estado apoyando en esta gris legislatura. CIU ya le ha enseñado el camino de la puerta y hasta Coalición Canaria se suma al carro de las elecciones en otoño. Todo parece apuntar a que Zapatero esperará los resultados de empleo del mes de agosto, que se publican en septiembre, para anunciar el adelanto electoral, con la intención de vender el humo del inicio de la recuperación bajo el paraguas de los datos del empleo estacional. Así que todo apunta a que en Octubre, máximo primeras semanas de Noviembre, estaremos convocados a las urnas para elegir a los nuevos diputados y, por tanto, al nuevo gobierno. Ganas de estirar la agonía. España necesita de un nuevo brío político, de un perfil distinto de los representantes en el congreso que se tomen esto del país con la necesaria rigurosidad que amerita el caso. Se hacen imprescindibles toda una serie de reformas de nuestro propio modelo de organización del Estado, de la administración pública, la puesta en marcha de medidas serias de recuperación económica, generar la confianza precisa para las inversiones, reconducir el debate y las medidas hacia lo importante para terminar de una vez con el chalaneo político. Mientras el PP continúe escondiendo sus propuestas para España, incluso han dado orden de no realizar demasiados cambios bruscos en las recién ganadas comunidades autónomas para no levantar la liebre, la alternancia que Rajoy representa no acaba de convencer a la ciudadanía. O cambian mucho las cosas en su planteamiento o repetiremos cuatro años más la desazón del no saber hacer, ya que la diferencia en planteamientos de dedicación presupuestaria entre PSOE y PP sólo es de 18.000 millones de euros. No se pueden mantener las diputaciones provinciales, hay que unificar o fusionar ayuntamientos pequeños, fijar el techo competencial y presupuestario de las autonomías, recuperar las competencias de salud, educación y justicia para el gobierno central, adelgazar la administración pública, poner en marcha políticas generadoras de empleo y redistributivas en la economía. Y eso el PP no lo va a realizar, porque ahora son ellos los que gobiernan casi en todas las administraciones del estado y voluntariamente no realizarán los cambios tan necesarios. Serán los ciudadanos los que decidan sobre la composición del nuevo arco parlamentario y sobre el nuevo gobierno, ciudadanos que lejos de estar desencantados de la política lo están de los políticos y de las formas de llevar a cabo su tarea. Por eso se abre la ilusión de recuperar los espacios perdidos de dignidad democrática que pongan en jaque a los poderes establecidos en el bipartidismo y regeneren la democracia en nuestro país. Cambiar la Ley electoral injusta y promover una nueva forma de hacer política serán elementos básicos para que la población sienta la seguridad necesaria y la confianza precisa en sus representantes en las instituciones.

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