domingo, 17 de enero de 2010

EL CAMBIO CLIMATICO. I.- DESALADORAS.

Sobre los efectos del cambio climático se ha escrito mucho y variado. Tomar cada uno de los aspectos que conforman dichos efectos nos daría para un libro que no descarto escribir algún día. Me centraré hoy en uno de esos efectos en los que coinciden todos los científicos: la subida del nivel de las aguas marinas provocada por el galopante deshielo en los polos. Si efectivamente dicha elevación del nivel de las aguas de produce, y los datos que los expertos nos ofrecen indican que desde el final de la última edad de hielo, hace 18.000 años, el nivel del mar ha subido más de 120 metros, y que en el siglo XX los niveles subieron 2 mm. anuales, estaríamos ante una realidad que tendríamos que abordar para evitar los efectos señalados de inundaciones en las zonas costeras. Consultado el tema con mi abuela, mujer de campo donde las haya, en una de nuestras charlas informales, me señala una solución:” Si las aguas van a subir lo que tenemos que hacer es sacar agua para que no suba”. Claro, mi abuela no entiende de que lo que se plantea la humanidad ahora es cortar el grifo del deshielo, es decir, evitar el calentamiento que provoque los deshielos, pero le doy vueltas al asunto y me surge una propuesta de la orientación de la vieja. Tenemos problemas serios de desertificación en varias zonas del globo y de avance de estas zonas, poniendo en peligro vastas áreas del porcentaje de tierra. Al mismo tiempo, se reduce cada vez más el agua dulce que provoca sequías largas en los veranos fruto también del cambio climático. La propuesta tiene que ver con la instalación de plantas desalinizadoras que conviertan el agua marina en agua dulce apta, al menos, para el riego. Basta una sencilla aplicación de la ecuación: Más agua para riego, utilización de esa agua para abastecer zonas con riesgo de desertificación, ir plantando árboles con tierra fértil trasladada de otras zonas. Con ello conseguimos: Bajar un poco los aumentos de los niveles marinos (ya que le estamos sacando agua al mar), frenar el avance de los desiertos en las actuales zonas en peligro, aumentar la cantidad de árboles plantados actúa como sumidero natural del carbono, mejorar los niveles de oxígeno limpio en el planeta con nuevos pulmones. Bueno, la propuesta parece viable, pero analicemos cuánto vale la cosa. La instalación de una planta desalinizadora rondaría entre dos y tres millones de euros, a los que habrá sumarle los gatos de funcionamiento y mantenimiento. A ello añadirle el tendido de tuberías necesarias para hacer llegar el agua desalada a las zonas de riego. Es un dinero. Pero sí sumamos los beneficios obtenidos a corto, medio y largo plazo, los puestos de trabajo que se crean (los perecederos y los permanentes), la inversión va a merecer mucho la pena. Hablaré más a menudo de los problemas mundiales con mi abuela a ver qué se le ocurre.

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