viernes, 22 de enero de 2010

LOBO, CARPETAZO EN HONDURAS

El próximo día 27 Porfirio Lobo asumirá sus funciones como Presidente de la República de Honduras. Después de 8 meses del golpe de estado que acabó con el presidente legítimo y constitucional del país, Manuel Zelaya en Costa Rica, sacado en pijama de la residencia presidencial, y de unas elecciones celebradas en noviembre en medio de un gobierno de facto encabezado por Micheletti, todo parece apuntar a que el “culebrón” Honduras toca a su fin. El nuevo presidente Lobo ha negociado con su homólogo dominicano, Leonel Fernández, que el mismo día de la toma de posesión firmará un salvoconducto para que Zelaya, su familia y colaboradores más cercanos, puedan abandonar el país rumbo a Santo Domingo, acabando con su encierro en la Embajada de Brasil en Tegucigalpa. Todo era cuestión de tiempo como avance en anteriores artículos sobre el tema, es decir, la estrategia dibujada consistía en dejar pasar cuanto más tiempo mejor sin perturbar demasiado al golpista Micheletti, permitir que se celebrarán las elecciones presidenciales durante el gobierno de facto, y después de la toma de posesión todo resuelto. Bueno, parece que esa será la salida para Zelaya, quien deberá recomponer sus fuerzas desde la República Dominicana antes de regresar a Honduras y, quién sabe, organizar su candidatura presidencial para los próximos comicios de 2014. Todo ello será posible si se dan dos condiciones básicas: 1) Porfirio Lobo debe cumplir con su palabra de crear una comisión de investigación que depure las responsabilidades del golpe de junio de 2009, poniendo ante la ley a los culpables de semejante y anacrónico desatino. 2) A su debido tiempo debe hacer aprobar una ley de amnistía que exculpe de los cargos imputados al ex presidente Zelaya y le permita regresar al país con todas las garantías. Sólo así la presidencia de Porfirio Lobo será aceptada los países del entorno, incluyendo a Brasil principal detractora del proceso electoral en Honduras. Si estas condiciones no se dieran en un futuro no muy lejano, el desprecio internacional hacia las autoridades hondureñas seguiría en vigor y su alejamiento de la Organización de Estados Americanos se convertiría en perenne.

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