sábado, 9 de enero de 2010

LA REFORMA DE LAS NACIONES UNIDAS. I.DESARROLLO

LA REFORMA DE LAS NACIONES UNIDAS.

I.- DESARROLLO.

Por mucho que nos empeñemos en justificar que la responsabilidad última de obtener mejoras en los indicadores de Desarrollo Humano es de los respectivos gobiernos, lo cierto es que hay que revisar en profundidad cuáles son las políticas de desarrollo que se están aplicando desde Naciones Unidas. El peso específico de la organización y la responsabilidad de servir como instrumento para el desarrollo obligan al sistema a ser vanguardia en propuestas serias para equilibrar las terribles distancias existentes entre países enriquecidos y empobrecidos, y dentro de los países entre ciudadanos enriquecidos y empobrecidos.

La propuesta actual de funcionamiento del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), así como la intervención en desarrollo del resto de programas, se está anquilosando en resultados cada vez más pobres permaneciendo inmune a lo que signifiquen propuestas nuevas, propias de la reforma, que permitan una mejoría en los resultados. Desde que la ONU lanzara en el año 2000 los Objetivos del Milenio (ODM), muchos fuimos los que dijimos que los mismos no se cumplirían en 2015 (como se pretendía) si la propia Naciones Unidas no cambiaba el código de intervención en el programa de desarrollo. Ya en 2010 la propia ONU ha reconocido que los ODM no se cumplirán y habrá que plantear una ampliación y una redefinición de las metas del milenio.

A mi entender, ¿cuál es el principal problema de esta ineficacia?, la dispersión. Naciones Unidas plantea una intervención en todos los países de renta baja y media lo que provoca una distribución de recursos para el desarrollo insuficiente para todos los países. La propuesta que realizo para evitar aquello es simplemente concentrar las ayudas en países concretos cada año, por ejemplo seleccionando cinco países, a los que invitar a los gobiernos donantes a crear un fondo de administración fiduciaria que sea gestionado por un Administrador de Naciones Unidas y el Gobierno del país receptor. Dicho fondo tendría un periodo de ejecución de entre 5 y 10 años, y abarcaría a todos los campos precisos para que el país acometiera una serie de programas y proyectos que permitieran un avance sustantivo en su proceso de desarrollo.

Si esto se hubiera aplicado desde el año 2000 en que se plantean los ODM, actualmente 50 países se hubieran beneficiado de este fondo fiduciario para el desarrollo y habrían avanzado en la consecución de los objetivos propuestos. La cantidad económica que se destinaría a cada país sería aquella cuyo coste de mantenimiento y sostenibilidad de los proyectos ejecutados pudiera ser asumido por el propio gobierno en sus presupuestos anuales. Es decir, no se crearían “elefantes blancos” que más tarde no pudieran ser mantenidos con calidad y eficacia. Se comenzaría por orden inverso de la lista de los países en el Índice de Desarrollo Humano. Al contrario de lo que pudiera argumentarse, se entiende que el país más pobre recibiría menos dinero según el criterio anterior de la sostenibilidad de las ejecuciones, pero es obvio que lo recibido estará en equilibrio con su capacidad de absorber la gestión futura y, en todo caso, volverían a ser objeto de un nuevo Fondo de Desarrollo en breve plazo. Esto obliga a los gobiernos receptores a mejorar su capacidad de gestión y a distribuir con eficacia sus propios presupuestos nacionales.

Sobre la ejecución del Fondo, planteo la gestión compartida entre un Administrador de Naciones Unidas (que podría ser el propio Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en el país) y el Gobierno de dicho país. Conjuntamente y de forma absolutamente consensuada han de definir los sectores de intervención y los programas y proyectos a ejecutar anualmente, así como los criterios para la evaluación permanente del Fondo para el Desarrollo.

Con ello, se pretendería evitar que el procedimiento fuera la entrega del dinero al gobierno de turno, reducir los riesgos de mala utilización de los mismos, y garantizar que el aporte de los países donantes obtiene unos resultados concretos, en un plazo definido, y fuera de los canales normales de colaboración entre países, es decir, no mediatizado por intereses bilaterales que empañan el concepto mismo de la cooperación al desarrollo.

Esta propuesta, por simple que parezca, podría conseguir un cumplimiento mucho más eficaz de los objetivos del milenio que manteniendo los mismos criterios de funcionamiento del PNUD.

Francisco Pineda Zamorano

Asesor Relaciones Internacionales y Cooperación. Escritor.

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