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sábado, 10 de octubre de 2015

RUSIA EN ESCENA


Después de la tensión en Crimea y el conflicto con Ucrania, Rusia ha ido moldeando su estrategia internacional con el fin de lavar su imagen y fijar sus posiciones como potencia con la que hay que contar. Su participación directa en la guerra en Siria persigue ambos objetivos, al tiempo que le muestra a la vieja Europa que las sanciones impuestas contra su país en importaciones de alimentos es una burda medida señalada por los Estados Unidos y que Rusia, cuenta.

El escenario sirio se va complicando por momentos. De un lado, los más de 1.500 millones de dólares que Estados Unidos ha invertido en armar y formar a las milicias de la oposición no han servido para nada. Esta misma semana el gobierno norteamericano ha desistido de continuar financiándolos debido a la venta de sus armas o entrega a cambio de seguridad al propio Estado Islámico. Los países más forofos de la caída del régimen de Al Assad, ya saben que han de cambiar sus intereses si quieren realmente frenar la expansión del ISIS. Van a suavizar su discurso contra el régimen y dejarán de apoyar a mercenarios incontrolados.

Putin, que desde el primer momento apoya a Al Assad, ha emprendido por su cuenta la respuesta urgente y necesaria para cambiar el tablero en el escenario de la guerra. Los objetivos señalados por los bombardeos rusos son, principalmente, los centros de avituallamiento yihadista, sus centrales y almacenes de polvorines y armamento, así como sus principales lugares de operaciones. De momento todo un éxito, ya que ha frenado en seco las operaciones del Estado Islámico y ha suavizado con fuerza la guerra civil en Siria.

Después de los estados fallidos de Afganistán e Irak, tras las intervenciones de la coalición occidental, no podemos permitirnos en el área un nuevo país desestabilizado, porque favorecería las ansias expansionistas del Califato. Eso lo saben perfectamente en el mando de operaciones del Pentágono y de la OTAN, que están buscando ponerse de perfil y emitir algunas opiniones sobre la seguridad, cuando su verdadero deseo es aplaudir a manos llenas la intervención de Rusia.

Putin buscará algún tipo de beneficio añadido a su limpieza de imagen internacional y a la estabilización en la zona. Puede estar relacionado con la necesidad de bombardear algunos de los pozos petrolíferos que están en manos del ISIS y que hoy significan la mayor entrada de dinero por el comercio en el mercado negro con empresas piratas del crudo. Si se les cortan el abastecimiento de armamento y pertrechos, por un lado, y por otro el grifo de dinero para mantener sus acciones militares, se estarían arrinconando y cercenando las opciones de expansión yihadista. Al mismo tiempo, la eliminación de varios campos petrolíferos no vendría nada mal a los países productores de hidrocarburos que llevan meses con los precios del barril por los suelos.

Rusia ha entrado con fuerza en el conflicto y parece que sus acciones militares serán determinantes sobre el rumbo que tome la situación en Siria y sobre los avances del Estado Islámico.

sábado, 15 de marzo de 2014

RUSIA ADELANTE.

Putin ha dejado claro que lo del fin de la guerra fría era un espejismo. El tablero geoestratégico ayudaba a impulsar políticas de antaño, recuperar territorios y salvaguardar enclaves prioritarios en su política energética. La debilidad institucional en Ucrania, la inestimable ayuda de una Unión Europea dormida, aletargada con sus problemas económicos y una excesiva dependencia de los países más importante del gas ruso y Estados Unidos con frentes abiertos en medio mundo y con pocas ganas de ensalzarse en una nueva guerra.

Son varías las ex repúblicas soviéticas que tienen muchísimos habitantes rusos, las principales Ucrania y Moldavia, aunque no hay que olvidar las euroasiáticas, que aún encontrándose en minoría son unas minorías muy potentes. EEUU ha desplegado aviones de combate en Polonia y la OTAN ha asumido tareas de control aéreo con clones. A pesar de que todas sus bases en Europa y la flota en Atlántico y Mediterráneo se encuentran en “alerta máxima”, está claro que el desenlace de la crisis se decidirá en las mesas de negociaciones.

A nadie le interesa en estos momentos una guerra en Europa excepto a las empresas armamentistas que se ponen las botas con la simple posibilidad de conflicto. La Unión Europea no tiene ninguna fuerza para negociar ni imponer nada. Si Putin corta el grifo del gas, Alemania y otros países europeos se morirían  de frío. Los teléfonos rojos de Obama y Putin echan chispas para dialogar sin demasiadas amenazas mutuas, De eso de invadir países saltándose la legalidad internacional ambos mandatarios saben demasiado. Así que entre bomberos no se pisarán mucho la manguera. Pero hay que dar la imagen de que están echando un pulso. Putin se quedará con Crimea y será anexionada a Rusia sin ningún remedio y ya ha anunciado el Kremlin que como se pongan tontos en occidente irá a por Moldavia. Dos por el precio de una.

El tablero no puede saltar por los aires y Rusia utilizará su derecho a veto en las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El imperialismo ruso, camuflado de nacionalismo doliente, se ha planteado salir del armario y situarse de nuevo en la escena internacional como un potente jugador. Sus intereses son muchos y su desvergüenza también. Pero Estados Unidos tampoco está para dar muchas clases de moralidad en estas lides pues su currículum muestra que es el campeón de los despropósitos. Los chinos encantados con el conflicto, del que se mantienen al margen, ganando así un tiempo precioso para continuar con su imparable crecimiento y ganando cada día en presencia internacional, mientras Europa continúa dormida como un enorme parque temático de monumentos y tradiciones culturales, sin ningún peso político.
Esta no ha sido la primera y tampoco será la última. Lo que nos queda que ver en los próximos años resulta, cuanto menos, preocupante.