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viernes, 2 de enero de 2015

UN FEO A BRASIL.



El pasado 1 de enero, Dilma Rousseff tomó posesión como Presidenta de Brasil tras ganar las elecciones presidenciales a finales de octubre. En la ocasión, estuvieron presentes los mandatarios de Bolivia, Evo Morales; de Chile, Michelle Bachelet; de Uruguay, José Mujica, además del recién electo Tabaré Vázquez; Horacio Cartes, de Paraguay; Nicolás Maduro, de Venezuela; los cancilleres de varios países del área, como México, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, Perú y un largo número de representantes de alto nivel. Por Estados Unidos, asistió el vicepresidente Joe Biden, en representación del mandatario Barack Obama. En este acto, tan importante para los próximos años en Brasil, la representación española se limitó a que asistiera nuestro embajador en Brasilia, quien sólo pudo estar presente en la toma de posesión sin mantener ni un solo contacto con mandatarios del resto de las representaciones.
Cierto es que Margallo, nuestro Ministro de Asuntos Exteriores y (escasa) Cooperación, se encontraba de misión en El Cairo, pero ha sido muy extraño que al evento no pudieran asistir ni el Rey Felipe VI, ni Mariano Rajoy, ni la Vicepresidenta Soraya Saenz de Santamaría, ni ningún Secretario de Estado del Ministerio. Desde todos estos ámbitos institucionales la excusa ha sido que estaban en periodo vacacional, es decir, que ninguno de ellos estaba operativo. La miopía política de este gobierno es monumental, habida cuenta la importancia de Brasil en el actual contexto mundial, tanto desde el ámbito de lo político como de lo económico.
Brasil, no es sólo la sexta economía mundial sino que además representa un claro motor (junto a México), del impulso de integración latinoamericana que no debe ser despreciado. Su papel en el grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), es fundamental para el futuro de los países emergentes y su implicación total en la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) es clave en la zona. Menospreciar la toma de posesión de la Presidenta del gigante de Sudamérica, siendo representados por nuestro embajador, deja clara la prepotencia de un Estado y de un Gobierno español que, sin embargo, apuesta por Cumbres tan devaluadas como la Iberoamericana.
El interés por mantener buenísimas relaciones con Brasil debía ser considerado de primer orden, pero nuestro máximos representantes estaban de vacaciones navideñas. Olvidan que es el tiempo de Brasil, que en los próximos años realizará inversiones importantes en su país, eventos internacionales de gran calado y cuya presencia en el mundo adquiere, cada día, mayor importancia. Pero la Marca España tiene que hacerse notar, yéndose de vacaciones.



  

jueves, 27 de noviembre de 2014

CUMBRES INÚTILES.


Los días 8 y 9 de diciembre próximo, tendrá lugar en Veracruz, México,  la vigésimo cuarta Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, bajo el lema “Iberoamérica en el Siglo XXI: Educación, Innovación y Cultura”. La principal novedad que presenta esta XXIV Cumbre, es la participación por primera vez como Rey de España de Felipe VI.

El Ministro de Exteriores y de (escasísima) Cooperación, Sr. Margallo, anda de cabeza desde hace un mes intentando convencer a todos los líderes de Latinoamérica para que participen en la Cumbre. Queda de manifiesto que el interés básico de las cumbres se ve en América Latina como exclusivamente español. Prueba de ello han sido los constantes fracasos de participación de Jefes de Estado y de Gobierno en las anteriores celebradas.

Y es de entender este fracaso si tenemos en cuenta que en la cumbre de Veracruz se van a tocar temas tan apasionantes para los gobernantes como la Alianza para la movilidad académica, Una especie de Erasmus Iberoamericano, la Digitalización del acervo cultural realizado y futuro, o la creación de una tarjeta joven. Los mandatarios latinoamericanos ya no están para estas zarandajas, pues tienen propuestas de integración regional mucho más atractivas que les hacen compartir la aplicación de políticas públicas, sin necesidad de hacer el paripé de la madre patria con la vieja y anquilosada España.

Así, los días 4 y 5 de Diciembre se celebrará la cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en Guayaquil y Quito, Ecuador, donde se tocarán temas tan importantes como el pasaporte suramericano; Mercosur sigue imparable con los planes de integración económica, al igual que la SICA en Centroamérica; y la CELAC ( Comunidad de Estados de Latino América y el Caribe), que profundiza compromisos de alto calado político que preocupan a los estados de la región y a sus ciudadanos.

España parece no darse cuenta que los lazos con Latinoamérica no se construyen con este tipo de cumbres cuasi simbólicas y ceremoniales, ni de que los propios países del área cuentan con mecanismos más que suficientes para coordinar sus propias políticas integradoras y de unificación en políticas. Más aún, teniendo en cuenta que los presupuestos de Cooperación Internacional del gobierno del PP han disminuido hasta lo simbólico en todo el mundo y también en los países de América Latina.

Además, todos sabemos que la “Marca España”, ha perdido tantos enteros que intentar sostener este tipo de cumbres absurdas con temas tan simples, al objeto de cubrir el expediente de la tan afanada “Foto”, sólo ayuda a aumentar el ridículo de nuestro interés por Latinoamérica. Y como el que desea la foto es España, pues pagamos casi el 70% del coste de las cumbres iberoamericanas y su Secretaría General. Aunque aquí no vale el dicho de que “el que paga, manda”.

martes, 21 de octubre de 2014

ESTALLIDO SOCIAL.


A un año de las elecciones generales y después de tres de gobierno del PP, me parece un buen momento para analizar algunas de las claves que han coincidido en nuestro país para evitar una de las situaciones más críticas que hemos vivido desde la llegada de la democracia.

Durante los años 2012 y 2013, el gobierno ha llevado a cabo la mayor política conocida de recortes en varios frentes: sanidad, educación, libertades, laborales, pensiones y dependencia, creando una situación de inmenso deterioro de la calidad de vida en la mayoría de los españoles. La aplicación de las órdenes de desahucio, la salida del país de centenares de miles jóvenes en busca de cualquier empleo, las reducciones salariales sin medida, los contratos basura de meses, semanas y horas, la subida permanente del desempleo, de la luz, del agua, y la bajada del consumo en los hogares, con el extremo de dos millones y medio de personas en pobreza extrema; pintaban un panorama bastante inaguantable a pesar de su mayoría absolutísima.

La gente se organizó y se echó a la calle, sorprendiendo a propios y a extraños (como ya ocurriera con el 15M), sobre todo a los partidos clásicos de la izquierda (PSOE-IU), que se vieron desbordados por las llamadas “Mareas”, no controladas por ellos y con gran poder de movilización ciudadana. Demandas que se iban agregando unas a otras y que mantenían un común denominador: El gobierno estaba poniendo en peligro los posibles avances del llamado “Estado del Bienestar”, que tanto esfuerzo nos había costado conseguir. La ciudadanía toma la calle con decenas de miles de protestas, se convocan momentos críticos como los de “Rodea el Congreso” y se acrecientan las posibilidades de un estallido social en toda regla, con una perspectiva nítida de recuperar la dignidad y sin control ni manejo de los partidos políticos.

Se pone en cuestión el “Sistema”, desde el Parlamento a la Casa Real, desde la Banca a la Unión Europea, todo se pone en solfa, la gente pierde el miedo y vuelve a salir a la calle, como en los mejores tiempos, en defensa de lo público y de las libertades fundamentales. Todo ello culmina en marzo de 2014, con una de las mayores movilizaciones ciudadanas recordada en tiempos: “La Marcha Dignidad”, donde centenares de miles de españoles nos manifestamos en Madrid.

Durante estos tres años, siempre he pensado que vista la violencia y agresión permanente del Estado contra los ciudadanos, en cualquier momento podría prender la mecha del conflicto. La situación reunía los condicionantes de libro para que el mismo pudiera darse. Pero en ese contexto se dan dos situaciones que han logrado calmar, de momento, los ánimos de la gente. Por un lado, la Diada del 11S del 2013 en Cataluña, que coloca en primer lugar la reivindicación independentista tapando el resto de las motivaciones sociales o incluyéndolas dentro de la propia esperanza de solución que supone un nuevo país. De otro lado, las elecciones europeas de Mayo 2014, que colocan a PODEMOS como una fuerza política que aglutina todos los descontentos de todas las Mareas, Marcha Dignidad, Plataformas contra los desahucios y decenas de movimientos en lucha, para orientar el desencanto hacia la toma del poder mediante las urnas.

El resultado de ambas cuestiones ha sido doble. La paz en las calles, que no la paz social que sigue orientada a acabar con un sistema caduco: Las clases medias y obreras de Cataluña están ahora en lo suyo (la consulta y la independencia) y la mayoría de las demandas políticas ciudadanas se encuentran encausadas dentro de la alternativa que pueda significar PODEMOS como opción de gobierno.

Pero la realidad es que el gobierno de PP y el poder económico y financiero han continuado haciendo de las suyas. Se aplican las mismas políticas, se amplían los casos de corrupción con los Pujol , las tarjetas opacas de Caja Madrid y Bankia, los jóvenes siguen sin empleo, los recursos siguen sin llegar a centenares de miles de familias que viven al día, muchas de ellas sin nada que llevarse a la boca, con escándalos como el del Ébola, con nuevos recortes presupuestarios y con aplicación de leyes mordaza para el control ciudadano.

Mucho le debe el Sistema a las demandas catalanistas y a PODEMOS, pues de no haberse dado simultáneamente ambas realidades, me temo que la situación a estas alturas hubiera sido de un estallido social de una gravedad extrema. El devenir resolverá y va a resultar sumamente interesante poder vivir esta nueva etapa de nuestra democracia como país.




lunes, 22 de septiembre de 2014

69ª ASAMBLEA GENERAL DE LA ONU.


El curso político internacional coincide con la celebración anual de las asambleas generales de Naciones Unidas. En esta ocasión la 69 Asamblea reunirá al mayor número de mandatarios de los últimos años debido a tres temas de especial interés para la mayoría de los países.

Por una lado, el preocupante asunto de la epidemia de Ébola, que podría convertirse en pandemia, amenazando cada vez a un mayor número de países y con un número de muertes cercano a los 5.000, con cientos de miles de personas en cuarentena. La respuesta de la comunidad internacional tiene que ser contundente y, sobre todo, eficaz. Aprobarán medidas encaminadas a dos líneas: la atención de emergencia en los países afectados para controlar la extensión y el compromiso de la investigación urgente para la obtención de vacunas y fármacos eficaces.

Un segundo tema, que preocupa a todos los países presentes, es el relacionado con la expansión de la guerra yihadista protagonizada por el Estado Islámico (ISIS) y que tiene en tensión no sólo a los países de la zona (Irak, Siria, Jordania, Turquía, etc.), sino a todos los países árabes y de occidente amenazados por el terror del avance del califato. La coalición encabezada por EEUU intentará obtener alguna declaración que sirva de paraguas a su intervención internacional, tema en el que Obama se empleará a fondo con el apoyo de Cámeron y Hollande.

El tercer asunto, estará dedicado a la situación en Ucrania y a las sanciones hacia Rusia como elemento distorsionador de la paz en el área. Pero da la impresión que sobre este tema se pasará muy de puntillas para no tensionar más el asunto con una Rusia fuerte a las puertas de un posible invierno duro que pondría en riesgo el paso del gas ruso hacia Alemania, Polonia y otros países de la UE.

El asunto del Cambio Climático servirá, como siempre, para endulzar un poco las confrontaciones sobre los temas anteriores, dándole a la Asamblea un tono de continuación en la búsqueda de soluciones, algo así como “continuamos con el tema sobre la mesa”, pero sin llegar a compromisos serios.

Siendo importante la agenda de la 69 Asamblea de la ONU, con las intervenciones de los principales líderes mundiales, convendría resaltar de qué no se va a hablar en ella. Efectivamente, no se hablará de Israel ni del genocidio cometido contra los palestinos de la franja de Gaza este verano. Ni siquiera citas sobre el asunto, así que olvídense de alguna condena explícita. Algún Jefe de Estado mencionará el asunto como grave y dará en la clave de que ha servido para justificar las atrocidades que comete el Estado Islámico, refugiándose en que Israel marca la dirección de permisividad de la comunidad internacional sobre la comisión de actos de genocidio. Pero será una cosa sibilina, casi imperceptible.
  
Mientras, nuestro flamante rey Felipe VI y toda la artillería de nuestro Ministro de Exteriores ,Sr. Margallo, estarán entretenidos en obtener votos de las delegaciones para que España pueda formar parte del Consejo de Seguridad de NNUU en el periodo 2015-2016, que se decidirá en Octubre, compitiendo con las candidaturas de Turquía y Nueva Zelanda para el mismo puesto. Su actividad será mucho más parecida a la realizada en la elección de Madrid como capital olímpica que a la propia de un momento preocupante en la geopolítica mundial.

Han echado el resto y un pastizal (que pagamos todos) en recepciones para obtener el codiciado puesto en el Consejo de Seguridad, que el Partido Popular vendería como un espaldarazo al gobierno de Rajoy en el año electoral y como Marca España. Solo espero que no se les escape ningún “Relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor”.


sábado, 14 de junio de 2014

REY PUESTO.


Esta semana, por imperativo legal y si el tiempo no lo impide, nos encontraremos con un nuevo rey. Felipe VI será proclamado Rey de España, con algunos honores, sin estridencias y sin haber sido validado por la población.

Hereda un reino de forma vitalicia y hereditaria. En nuestro caso, hereda la Jefatura del Estado al que representará oficialmente, será el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y velará por el cumplimiento de la constitución. Como su padre, hará negocios a favor del país, gestiones por el mundo acompañado de empresarios ricos, que harán su agosto con el apoyo real, ampliando la curiosa “marca España” del uno al otro confín.

Intentará ganarse en los próximos meses el calor de la mayoría de los españoles, paseándose desde Tarifa a Bilbao, desde Coruña a Murcia, quedándose este año sin vacaciones reales, invirtiendo en marketing regio.

Mientras, el pueblo continuará con sus problemas, paro, recortes, incertidumbre, emigración, desahucios, pobreza energética, malnutrición infantil y un sinfín de males que hemos acogido como una plaga en los últimos años del reinado anterior. Los cortesanos desempolvan sus dádivas guardadas para el momento y se preparan para codearse con la nueva corona, mas joven, vigorosa y preparada que nunca.

Los plebeyos recibidos en herencia, como si fueran muebles, inmuebles, haciendas o tierras, continuarán preguntándose por qué no han sido consultados para dar su conformidad al recambio. Habría sido muy importante conocer la opinión de los súbditos en una democracia del siglo XXI, la figura real habría salido fortalecida. Pero se ha optado por mantener la tendencia decimonónica, casposa, irreverente y alejada del populacho.

Se ha perdido una gran oportunidad. Seguramente Felipe VI no contará con un 23F que le eleve a los altares y tendrá que ganarse a pulso su permanencia en el trono. Ese pulso en nuestro país se llama elecciones, de cuyos resultados se irán derivando poco a poco, pero más temprano que tarde, los necesarios cambios constitucionales que deben realizarse en el marco de una Constituyente. Los partidos monárquicos irán perdiendo votantes y llegará el momento de plantear el final de la era borbónica para dar paso a la III República Federal Española.

Esto ahora puede sonar a ciencia ficción, pero quién nos iba a decir hace 20 años que la telefonía móvil iba a estar presente en nuestras vidas como el aire que respiramos. Mientras esos cambios llegan, nos prepararemos a ver imágenes esperpénticas de los nuevos yuppies de la nobleza, cortesanos de marca, que quieran seguir manteniendo sus privilegios en una sociedad que sobrevive día a día a los ataques de la desesperación.





martes, 3 de junio de 2014

ENTRE REYES


La abdicación de Juan Carlos I se había venido barajando como opción desde el safari en Botswana que provocó la operación de cadera y la petición de perdón: “lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir”. Los líos del yerno, la imputación de la Infanta Cristina, no ayudaban mucho y la Casa Real entro en una valoración en picado de la ciudadanía. Sin duda, la elección del Rey para buscar el momento idóneo para abdicar ha sido ejemplar. De haberlo hecho antes, hubiésemos justificado por la aparición de los escándalos citados. Más tarde, por los problemas políticos que podrían surgir en torno a Cataluña, el crecimiento de fuerzas o frentes republicanos, la debacle del constitucionalismo inestable del bipartidismo, etc.

El momento entre reyes es el justo, el más apropiado. La situación en España es de una extrema gravedad, sin que las políticas de recortes del gobierno del PP tengan marcha atrás y cientos de miles de familias no tengan acceso a ningún tipo de ayuda social ni perciban ningún ingreso entre sus miembros. Los preferentistas siguen con su dinero perdido, robado; continúan los desahucios a miles; la frenada del paro es bastante estacional y los empleos que se crean son cada vez más basura, temporales y mal pagados. Continuamos teniendo muchas casas sin gente y mucha gente sin casas; una sanidad venida a menos y una educación que baja enteros; demasiada corrupción en la clase política y en el sistema financiero; una banca rescatada y a Bruselas vigilando cada movimiento y dato del Gobierno.

Sin duda, nuestro país va a dar pasos incansables hacia un cambio político, donde lo de ayer aparecerá indefectiblemente como viejo, caduco y trasnochado. Y en ese paquete también entraba el Rey Padre, la monarquía, la Casa Real, aunque mucho mejor valorado que ninguno de ellos, el Príncipe Felipe. El Futuro e inminente Rey de España Felipe VI, ha sabido mantenerse al margen de todos los desatinos reales y ha cultivado su imagen de joven formado (ya no es tan joven); asumiendo las representaciones ante América Latina en actos oficiales desde hace muchos años; listo para asumir las tareas que emanan del cargo de Rey de España.

Todos recordaremos este periodo entre reyes, que durará más o menos un mes, como la memoria de lo realizado por el monarca padre y las virtudes a desarrollar por el monarca hijo. Un hecho histórico que nos ha tocado vivir. Pero no debemos olvidar que los próximos meses en la vida política española serán muy convulsos, desde el secesionismo catalán al vasco, pasando por unas elecciones municipales, autonómicas y generales, que tensionarán mucho más una situación muy alejada de lo idílico.

El Rey Felipe VI pertenecerá a la media de edad de los españoles actuales, sintonizará mucho más con ellos y posiblemente entenderá los problemas sociales, económicos, políticos y de estado, con otros puntos de vista. Pero él mismo debe saber que la designación constitucional como heredero de la corona es un asunto rancio, que la gente no entiende por qué no gobierna su hermana Elena, porqué no se cambio la Ley Sálica, incluso por qué no debe someterse a un referéndum popular que certifique su apoyo como monarca.

Sabe el próximo Rey que los momentos no son para nada tranquilos y que va a necesitar de un fuerte apoyo institucional y político para afrontar los próximos tiempos. D. Juan Carlos tendrá que echar una mano a su hijo, con una transición escalonada, sin rupturas ni estridencias, cambiando algunos decorados y personajes, pero no la obra a representar.