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viernes, 2 de mayo de 2014

LA GUERRA CALIENTE.

Pensar que la Guerra Fría terminó con la caída del muro de Berlín es, simplemente, de bienintencionados. Es cierto que desapareció el bloque socialista soviético y con ello quedaron abiertas todas las opciones para el desarrollo del otro bloque, el capitalista, eufemísticamente llamado occidental. Pero en pocos años pudimos comprobar que la guerra fría iba tornándose en guerra caliente con un gran número de conflictos armados que han mantenido y mantienen nuestro planeta en guerra permanente.

En estos momentos, Ucrania se convierte en epicentro de la lucha de poder de los bloques. Todo parece apuntar a un desenlace de guerra civil a las puertas de Europa permaneciendo la Unión Europea agazapada por sus necesidades del gas ruso. Pero los conflictos no han cesado en otras partes del mundo: Afganistán, Irak, Líbano, Palestina, Siria, República Centroafricana, Sudán del Sur, Congo, Colombia, Corea, Egipto y otros de baja intensidad que afectan fundamentalmente al continente africano.

Si la consigna en la Guerra Fría era dotarse de mayores arsenales para persuadir al enemigo y ambos bloques se pertrecharon de material atómico suficiente para hacer desaparecer la Tierra cien veces, en la Guerra Caliente actual lo que prima son los intereses económicos por encima de todos los demás, con unos beneficios extraordinarios para las empresas armamentísticas que hacen su agosto particular.

Lo que ha cambiado en el tablero son los actores. Hoy intervienen muchos más que entonces: China, que está comprando tierras en medio mundo, sobre todo América Latina y África; Rusia, que aprovecha su poderío en recursos naturales para poner en jaque; países emergentes como Brasil, India, Sudáfrica e Indonesia que juegan sus cartas cada vez más potentes. En medio, como siempre, los países empobrecidos que sufren en su territorio y con su gente los intereses de unos y otros por hacerse con sus riquezas, poniendo en peligro permanente la estabilidad política, social y económica, abortando las opciones de desarrollo real y la aplicación de estrategias basadas en las políticas públicas.

Es cierto que el final de la Guerra Fría ha alejado (momentáneamente) el peligro de un conflicto nuclear, pero no lo es menos que los arsenales siguen intactos, renovados y listos para ser utilizados en cualquier momento. Mientras tanto, continuaran jugando a las guerras de sus intereses particulares, considerando a la mayoría silenciosa mundial como simples peones a utilizar en un diseño malvado de ignominia y desesperación.

Los organismos internacionales, especialmente Naciones Unidas, ya no son garantía de nada. Hemos visto como pasan de puntillas sobre conflictos muy graves y sólo han cumplido bien con su misión de asistencia humanitaria a desplazados y víctimas de los conflictos. Es decir, la plasmación de su misión sería la correspondiente a una gran ONG mundial, más que a un estamento vigilante del cumplimiento de los derechos humanos, la paz y el desarrollo mundial.


lunes, 2 de diciembre de 2013

REPÚBLICA CENTROAFRICANA

Como su propio nombre indica, la República Centroafricana se encuentra en el centro de África. Un país de cinco millones y medio de personas que vive sumido en la miseria, las luchas internas y la exportación de madera y diamantes, prácticamente desde su independencia en 1960. Muchos pensamos que este país podría calificarse de “Estado Fallido”, aunque personalmente me resigno a ello conociendo las grandes potencialidades de su territorio y de sus algunas de sus gentes.

La metrópoli francesa ha jugado un papel determinante en la situación actual del país, pues aunque dejo instaladas las estructuras administrativas y políticas nunca se preocupó de la formación necesaria para llevar a cabo las políticas públicas necesarias para el autogobierno, dejando una economía hundida y con escasos cuadros dedicados a la salud y la educación. A pesar de la independencia, Francia siempre ha permanecido esquilmando mucho de los recursos de Centroáfrica, especialmente la madera y los diamantes exportados también a Bélgica, pero controlando de forma muy especial las reservas de uranio que se encuentra en el centro de todos sus intereses en la zona.

La República Centroafricana ocupa hoy el puesto número 179 de los 187 países que presentan datos para evaluar el ranking de desarrollo humano, según Naciones Unidas, pero les puedo asegurar que por sus recursos minerales y madereros el país podría salir rápidamente de esa situación de empobrecimiento, de no ser por los continuos y permanentes conflictos que asolan a sus habitantes y mínimas inversiones.

Desde el golpe de estado de marzo 2013, más del 10% de la población, medio millón de personas, se han visto obligados a huir de sus casas dejando aldeas enteras vacías, el país se encuentra si un gobierno efectivo sumido en enfrentamientos muy sangrientos entre musulmanes y cristianos, que amenazan con convertirse en un grave genocidio. El caos en el país es generalizado: ejecuciones y asesinatos indiscriminados, violaciones de mujeres y niñas, infraestructuras incendiadas y casas y aldeas arrasadas, cultivos quemados, escuelas saqueadas, etc.

El compromiso pactado por la comunidad internacional con el presidente golpista del movimiento SELEKA (Alianza), es convocar elecciones democráticas en el plazo de 18 meses y para ello hay dos misiones internacionales con presencia en el país, una de la ONU (BINUCA), para fomentar el diálogo entre grupos rivales y otra regional (MISCA), para promover el desarme y proteger a la población civil. Pero de la guerrilla de SELEKA que puso en el poder a Michel Djotodia, abandonaron al presidente más de 30.000 efectivos que además han reclutado a miles de nuevos adeptos y que hoy actúan de forma encarnizada y sin control. Las fuerzas internacionales no alcanza los 3.000 efectivos y se plantea como urgente y necesaria el envío de nuevas misiones internacionales que superen los 10.000 cascos azules y 10.000 miembros de la MISCA, si se quiere poner un poco de orden en el país y atender las necesidades básicas de la población.