Mostrando entradas con la etiqueta CUMBRE IBEROAMERICANA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CUMBRE IBEROAMERICANA. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de noviembre de 2014

CUMBRES INÚTILES.


Los días 8 y 9 de diciembre próximo, tendrá lugar en Veracruz, México,  la vigésimo cuarta Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, bajo el lema “Iberoamérica en el Siglo XXI: Educación, Innovación y Cultura”. La principal novedad que presenta esta XXIV Cumbre, es la participación por primera vez como Rey de España de Felipe VI.

El Ministro de Exteriores y de (escasísima) Cooperación, Sr. Margallo, anda de cabeza desde hace un mes intentando convencer a todos los líderes de Latinoamérica para que participen en la Cumbre. Queda de manifiesto que el interés básico de las cumbres se ve en América Latina como exclusivamente español. Prueba de ello han sido los constantes fracasos de participación de Jefes de Estado y de Gobierno en las anteriores celebradas.

Y es de entender este fracaso si tenemos en cuenta que en la cumbre de Veracruz se van a tocar temas tan apasionantes para los gobernantes como la Alianza para la movilidad académica, Una especie de Erasmus Iberoamericano, la Digitalización del acervo cultural realizado y futuro, o la creación de una tarjeta joven. Los mandatarios latinoamericanos ya no están para estas zarandajas, pues tienen propuestas de integración regional mucho más atractivas que les hacen compartir la aplicación de políticas públicas, sin necesidad de hacer el paripé de la madre patria con la vieja y anquilosada España.

Así, los días 4 y 5 de Diciembre se celebrará la cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en Guayaquil y Quito, Ecuador, donde se tocarán temas tan importantes como el pasaporte suramericano; Mercosur sigue imparable con los planes de integración económica, al igual que la SICA en Centroamérica; y la CELAC ( Comunidad de Estados de Latino América y el Caribe), que profundiza compromisos de alto calado político que preocupan a los estados de la región y a sus ciudadanos.

España parece no darse cuenta que los lazos con Latinoamérica no se construyen con este tipo de cumbres cuasi simbólicas y ceremoniales, ni de que los propios países del área cuentan con mecanismos más que suficientes para coordinar sus propias políticas integradoras y de unificación en políticas. Más aún, teniendo en cuenta que los presupuestos de Cooperación Internacional del gobierno del PP han disminuido hasta lo simbólico en todo el mundo y también en los países de América Latina.

Además, todos sabemos que la “Marca España”, ha perdido tantos enteros que intentar sostener este tipo de cumbres absurdas con temas tan simples, al objeto de cubrir el expediente de la tan afanada “Foto”, sólo ayuda a aumentar el ridículo de nuestro interés por Latinoamérica. Y como el que desea la foto es España, pues pagamos casi el 70% del coste de las cumbres iberoamericanas y su Secretaría General. Aunque aquí no vale el dicho de que “el que paga, manda”.

sábado, 19 de octubre de 2013

CUMBRE IBERO...QUÉ?


La celebración de la XXIII Cumbre Iberoamericana en Panamá ha dejado en evidencia el nefasto papel de la política exterior española en los últimos veinte años en relación con América Latina. Lo que pretendía convertirse en un foro de debates y acuerdos sobre aplicación de políticas públicas comunes, ha degenerado en un encuentro carente de objetivos, de escaso interés para los gobiernos americanos y decadente al verse superado por otros organismos de integración regional.

A la cumbre de Panamá no han asistido la mitad de los mandatarios: Argentina, Uruguay, Cuba, Brasil, Chile, Ecuador, Venezuela, Bolivia, Guatemala, Perú y Nicaragua. Y es que perder tres días para discutir sobre el sentido de las cumbres, sus objetivos y cómo se pueden reflotar las mismas, carece hasta de sentido común. Actualmente, UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas), CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe) y la propia OEA a pesar de su declive (Organización de Estados Americanos), tienen muchísimo más interés para los estados latinoamericanos que un encuentro con los Iberos. Incluso organizaciones regionales, como MERCOSUR y SICA, despiertan más interés en los gobiernos latinos.

España ha perdido una oportunidad de oro al carecer de una política seria con respecto a América Latina. Lo que podría haber sido un papel preponderante en las relaciones AL/UE, ha pasado a convertirse en un alejamiento real de las relaciones con los estados latinoamericanos, pasando por fases de imposición política, negando la colaboración hasta llegar a la extenuación de gobiernos que hoy afrontan un cambio real de crecimiento democrático, económico y social en sus respectivos países. España ha perdido todo el interés para ellos, nada les aporta.

Ni siquiera las últimas cumbres han servido para perfilar políticas comunes, siendo de mucha mayor utilidad las conferencias sectoriales que se han llevado a cabo que las propias cumbres: empresarios, turismo, educación, etc., que reflejan los verdaderos intereses de los actores en base a una colaboración estrecha y mutua, sin imposiciones políticas.
Margallo, Ministro de Asuntos Exteriores español, no sabe qué hacer en América Latina y ha centrado nuestra acción exterior en Europa (el viene de allí), olvidando que las cuestiones europeas son, desde hace tiempo, temas domésticos. El bajísimo perfil de nuestra política exterior demuestra que tanto el PP como el PSOE continúan pensando permanentemente en las próximas elecciones, dejando de lado una acción exterior planificada, estructurada y seria.

Mantener una estructura como la Secretaria General para Iberoamérica, que pagamos fundamentalmente los españoles, carece de todo sentido con la función actual de la misma. Las cumbres ya no sirven para nada y muchos mandatarios afirman en privado y en público que no pueden perder tres días para no sacar nada en claro. Después de Veracruz (México) 2014, las cumbres comenzarán a ser bianuales. Da igual. Lo importante es reconocer que los países latinoamericanos han superado con creces los estadios de pertenencia a Iberoamérica y que sus procesos de desarrollo e integración son muy superiores a los que se les ofrece desde una cumbre que pareciera perseguir la rememoración de que fuimos los conquistadores. Y eso, no sirve para nada.





lunes, 12 de noviembre de 2012

XXII CUMBRE IBEROAMERICANA


En Cádiz, aprovechando el bicentenario de la Pepa, se celebrará este fin de semana la XXII Cumbre Iberoamericana. Asistirán la mayoría de Jefes de Estado y de Gobierno de los países de América Latina, a excepción de Cristina Fernández de Argentina, Raúl Castro de Cuba y sin confirmar aún la presencia de Hugo Chávez de Venezuela.

Cuando se celebró la primera Cumbre en1991, la realidad era bien distinta en el panorama internacional. Buscar entonces un marco de relación intergubernamental tenía todo el sentido en lo relacionado con la economía, el conocimiento, el intercambio de experiencias, la cooperación al desarrollo, la interlocución de España ante Europa, etc..

Hoy, después de 21 años, las relaciones entre los países de América Latina cuentan con varias estructuras de integración regional que dejan vacía de contenido real la permanencia de estas cumbres. Así las propuestas de MERCOSUR, UNASUR, CELAC, SICA, han avanzado los problemas comunes dejando muy de lado la preponderancia de España como marco de referencia. La propia Unión Europea cuenta con una relación muy especial en el área y no es precisamente en estos tiempos cuando España puede servir de embajador a los intereses de los países latinoamericanos en el marco europeo.

En 1992, en el marco del V Centenario, despegaba la política de cooperación internacional al desarrollo, que establecía como prioridad el apoyo a los países hermanos de la otra orilla del Atlántico. También ha cambiado aquello, pues actualmente nuestro país ha disminuido a la mínima expresión la Ayuda al Desarrollo, siendo la misma absolutamente simbólica.

Los principios de los 90 fueron momentos muy graves en América Latina, pues se estaban terminando las dictaduras militares en varios países y en otros acababan de salir de guerras civiles fratricidas. Sus economías estaban maltrechas y fue la época de la implantación de los Planes de Ajuste Estructural por parte del FMI y del Banco Mundial. Curiosamente, ahora es nuestro país el que se encuentra sujeto a dichos planes y muy amenazado de resultar insolvente, con una crisis sin precedentes que pone en peligro los elementos básicos del estado de bienestar.

Hoy las economías latinoamericanas crecen a un ritmo aceptable, asimétrico pero sostenido. Continúan generando graves problemas en la redistribución de la riqueza interna, pero se van acortando los niveles de exclusión sin pausa.

En este marco globalizado y con unas democracias avanzadas en América Latina, España tiene muy poco que ofrecer. Ya se ha cuestionado el sentido del mantenimiento de la Cumbre en las celebradas en años anteriores. ¿Para qué reunir a los Jefes de Estado y de Gobierno, si lo que se acuerda en dichas cumbres son asuntos de menor importancia que además cada uno de los países los tiene avanzados a nivel nacional y cuentan con estructuras de integración muy superiores a lo que salga de estas cumbres?

Otrora, España podría servir como referente de transición de la dictadura a la democracia, como ejemplo de estructuras regionales y municipales. Pero en la actualidad tenemos ya experiencias mucho más enriquecedoras que la propia española en los países hermanos. Hoy, simplemente podemos servir de referencia sobre las cosas que no se deben hacer, explicarles a los homólogos latinoamericanos los fallos que hemos cometido para que puedan tenerlos en cuenta y no caigan en el error de cometerlos.

Será una Cumbre en Cádiz llena de simbolismo por el bicentenario, pero no pasará a ninguna historia. Es el momento de plantearse, muy en serio, dar por finiquitada la necesidad de estos encuentros, ya que muy poco o casi nada aportan a un espacio que es cada vez menos común.