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viernes, 13 de enero de 2012

OTRO ERROR DE RAJOY: POLÍTICA EXTERIOR



Ante la apabullante conexión de la crisis económica con nuestro papel en la Unión Europea, el primer gobierno de Mariano Rajoy presenta una propuesta claramente europeísta, con ministros formados en instituciones europeas, con la premisa de que en Europa es donde nos jugamos los cuartos.

No voy a desmerecerle la opción, pues es evidente que si no vinculamos nuestra actuación económica interna a los designios de la UE, nos hundiremos y formaremos parte de aquellos que ayudaron a hundir el proyecto europeo. Pero desde hace ya muchos años, yo diría que desde el Tratado de Maastricht, la política en la Unión Europea no es considerada “Política Exterior” sino doméstica.

Más del 75% de las directrices políticas que se aplican en los países miembros se adoptan en el ámbito europeo y, en estos tiempos de crisis de la moneda única, la unión interviene en fijar las directrices del 100% de la orientación del déficit, inversiones, reducción de la deuda y opciones de crecimiento.

Es decir, considerar que la política hacia Europa debe ser la clave de nuestra Política Exterior, es un error de bulto tan grande que pone en peligro nuestra capacidad diplomática y comercial de presencia en el resto del mundo. Orientar la acción exterior hacia lo que todos los países consideran ya temas comunes y domésticos, merma todas las demás acciones que como país deberíamos desarrollar en el exterior.

Desde la Unión Europea tardaremos algunos lustros en ir fijando una Política Exterior Compartida, a pesar de que se hayan establecido algunas embajadas unitarias, y obviar que el resto de nuestros socios europeos continúan avanzando en sus relaciones exteriores propias es condenarnos como país a la mínima expresión en nuestra capacidad de interlocución internacional.

En este sentido, España tiene una gran oportunidad de recuperar el prestigio perdido, sobre todo en América Latina, situándose no sólo como un interlocutor válido ante la Unión Europea y Latinoamérica, sino como colaborador necesario en todos los procesos de integración regional y subregional que se están dando en la región.

Los frutos recogidos en gobiernos anteriores de escasa o nula aceptación de los países latinoamericanos, debido fundamentalmente a una concepción caduca de ex metrópoli, nos ha ido llevando a perder capacidad de presencia en los nuevos procesos. Hemos de alejarnos de esa orientación y sentar de una vez las bases de igualdad en nuestra relación con los países hermanos y mostrar la disposición de colaboración para avanzar juntos.

Personalmente considero un error el nombramiento del actual Ministro de Asunto Exteriores, no por su persona en sí, sino por su clara y exclusiva orientación política hacia Europa, ya que para eso están el resto de ministerios. Rebajar hasta casi la nulidad nuestro presupuesto de Cooperación Internacional al Desarrollo no sólo nos hace más débiles sino que dilapida toda nuestra capacidad de acción exterior.

Orientar nuestra cooperación hacia los organismos multilaterales, especialmente Naciones Unidas, en busca de alguna contraprestación en el Consejo de Seguridad, es de una miopía política extraordinaria. De igual forma, romper una dinámica de cooperación internacional a través de las ONGD españolas supondría dejar en manos de escasos interlocutores nuestra acción exterior para el desarrollo.

España necesita desde hace mucho tiempo una reforma clara en nuestra diplomacia que garantice una acción exterior continuada en el tiempo, con objetivos de Estado, con diplomáticos de carrera y no políticos nombrados cada cuatro años según la tendencia del gobierno. De eso tenemos mucho que aprender todavía, pero cuanto más nos retrasemos más peso iremos perdiendo en las relaciones internacionales y en nuestra machacada política exterior.



miércoles, 31 de agosto de 2011

LA ESTABILIDAD ECONÓMICA.

Hemos asistido, y lo que nos queda, al espectáculo más bochornoso que podríamos esperar del fin del zapaterismo. PP y PSOE han escenificado en el congreso la verdadera cara de su perfil como partidos, dispuestos a continuar repartiéndose el poder en España pase lo que pase y pese a quien pese. El Parlamento condenado al rodillo del bipartidismo, alejándose cada vez más de los ciudadanos y tomando decisiones absurdas que no nos conducen a ningún lado.

La aprobación, a velocidad de Fórmula I, de la reforma constitucional para fijar la estabilidad presupuestaria y del déficit, no será aplicada hasta 2020, y hemos tenido que aguantar la puesta en escena de la pretendida unidad nacional de Rajoy y Rubalcaba, de PP y PSOE. Hemos desaprovechado la oportunidad del siglo para incorporar las verdaderas reformas que precisa nuestra Constitución, con la pantomima de que fijando el control del déficit en la carta magna ya se ha solucionado el problema, cuando para llegar a la estabilidad lo que hay que tomar son medidas concretas.

Algunas de ellas son las siguientes:

n - Tenemos que disminuir nuestra estructura político administrativa del Estado. No podemos contar con 8.871 ayuntamientos, todos ellos deficitarios, la mitad de los cuales no cuentan ni siquiera con 5.000 habitantes. Hay que adelgazar las estructuras municipales.

n - Las Diputaciones Provinciales deben desaparecer, pues todas sus funciones y tareas pueden ser asumidas sin ningún tipo de problema (de hecho ahora se superponen en demasiadas ocasiones) por las comunidades autónomas y por los propios ayuntamientos. Así eliminamos la estructura provincial.

n - Hemos de fijar los techos competenciales en las comunidades autónomas, así como sus techos presupuestarios, recuperando para el gobierno central algunas de las competencias como Salud, Educación, Justicia, que ameritan de un tratamiento único tanto a nivel legislativo como ejecutivo. Así adelgazamos y colocamos tope a las estructuras autonómicas.

n - Hay que mejorar y perfeccionar, consiguiendo mayor eficacia y eficiencia, la gestión de todo lo público, eliminando el sinfín de cargos de confianza, de libre designación, que estrangulan los gastos de las administraciones y dotar a las mismas de elementos de control para evaluar sus objetivos. Dicha mejora en la gestión de lo público ayudaría a reducir nuestro gasto.

n - Terminar con los privilegios, prebendas, prerrogativas, regalías y concesiones de todos los cargos públicos, desde los diputados hasta los concejales. Los instrumentos mínimos para desarrollar eficazmente su trabajo y punto. Ahorraríamos una buena cantidad.

Pero esto les da igual tanto a PSOE como a PP, que además impiden que los ciudadanos opinen y ratifiquen, en su caso, las reformas constitucionales planteadas. ¿Estamos condenados a sufrir esta clase política o, por el contrario, podemos aspirar a tener políticos con altura de miras? ¿Podremos romper este bipartidismo antes de que nos lleve a la ruina total y a una crisis social, política y económica sin precedentes?.

El 20 N contaremos con la posibilidad de cambiar esto, de apoyar alternativas reales y no alternancias caducas. De nosotros depende que esto siga así.

jueves, 25 de agosto de 2011

BUENOS SÚBDITOS, MALOS GOBERNANTES

Reunidos la semana pasada Sarkozy y Merkel, decidieron que una forma de garantizar el control de los excesos en las deudas públicas de los países miembros de la UE, sería incorporar a las constituciones nacionales tal mandato, ya que el criterio incumplido por todos los países de la eurozona de no superar el 3%, no había resultado suficiente. El interés no es otro que dar mayor peso a este criterio convirtiéndolo en norma constitucional, colocando en un serio peligro a los países que no cumplan su propia Constitución.

Esta modificación, que sin ser menor no deja de resultar absolutamente parcial y escasa, no va a influir de forma drástica en el control de nuestros déficits públicos, servirá de orientación e incluso de metodología presupuestaria, pero no garantiza lo realmente importante: que lo que gastemos sea lo necesario, que gestionemos bien, que existan mecanismos de control sobre el gasto público y que acabemos de una vez con la corrupción y el despilfarro. Por lo tanto, la modificación constitucional sólo servirá para contentar una vez más a los mercados, a los dueños de Europa (Alemania y Francia) y para poner de garantía la carta magna de que las deudas las vamos a pagar, precisamente a estos dos países y sus bancos, a los que debemos tanto.

PP y PSOE, como alumnos aventajados, aplicados y obedientes, han querido ser de los primeros de la clase, para demostrarles a los jefes que sabemos y podemos hacerlo, pero este nivel de obediencia debida (como en el ejército), deja al descubierto la absoluta sumisión a los mandatos del eje franco-alemán, dejando pasar la oportunidad de readecuar nuestra Constitución a las necesidades propias de este momento y 30 años más por delante. La prisa por cumplir la orden ha sido excesiva e innecesaria la forma de llevarla a cabo mediante su aprobación exclusiva por el congreso y el senado, al no reunirse el 10% necesario de diputados que obligarían a la celebración de un referéndum.

Hubiera bastado, incluso, que los dos partidos incorporasen tal propuesta en sus programas electorales para el 20N y llegar a una nueva cámara que aplicara los resultados emanados de las urnas, con una renovación de los apoyos concretos. No han querido. Como tampoco han querido (por no arriesgarse a quedar en ridículo) someter a referéndum popular la aprobación de esta modificación, tan solo colocando una urna más el 20N, demostrando que la opinión del ciudadano se las trae al pairo.

Un debate sosegado sobre las necesarias y urgentes reformas de nuestra Constitución hubiera supuesto un avance extraordinario para colocarnos en un mejor puesto en la parrilla de salida de la crisis política, social y económica en la que estamos inmersos. De nuevo han hurtado la posibilidad de hacerlo, optando por mantener sus privilegios de bipartidismo y dejando pasar una oportunidad de lujo que costará volver a encontrar en el breve plazo. Tomaremos nota de su ineptitud y de su desprecio sobre la opinión del pueblo, a la hora de elegir la papeleta de voto el 20N.

domingo, 21 de agosto de 2011

LA CAÍDA DEL SOCIALISMO

Eso que dice el tango de que “veinte años no es nada”, es muy relativo. Hace veinte años y de un día para otro, nos vimos sorprendidos de que hubiera caído el otrora inexpugnable bloque soviético. Un tipo subido en un tanque arengando al personal, fue la imagen del derrumbamiento del socialismo, tipo que llegaría a ser presidente de Rusia meses más tarde.

Los que habíamos mamado que el mundo se dividía en dos bloques antagónicos y que todo giraba alrededor de ellos, tuvimos que recomponer de nuevo la geoestrategia y la interpretación política de la realidad mundial. Demasiado fácil nos había resultado en relaciones internacionales colocar cada hecho, acción u omisión, enmarcándolos en las políticas de uno de los dos bloques. Ahora todo se complicaba y necesitábamos un nuevo marco de análisis.

Estados Unidos intentó, desde el minuto uno, copar todo el espacio e implantar la hegemonía mundial. Pero las cosas habían cambiado tanto en el mundo que pronto tuvieron que replantear su propia estrategia. Muchas propuestas de integraciones regionales y subregionales estaban en marcha por todo el mundo y esas nuevas agrupaciones frenarían las antiguas concepciones de bloque unipolar que pesan aún en lo más rancio del republicanismo americano.

La existencia de los bloques socialista y capitalista había servido para mantener una cierta compensación en la balanza de las extralimitaciones y nos permitía, de una forma más o menos tranquila, gozar de cierta estabilidad. Nos tocó reconsiderar todos los conceptos de multilateralidad deprisa y corriendo, como intentado evitar la hegemonía norteamericana. El resultado no ha sido demasiado exitoso, pues el multilateralismo no ha cuajado con la precisión que tenía dibujada y no ha colmado las expectativas que habíamos puesto en este nuevo escenario.

Los que sí han aprovechado esta especie de paréntesis por el control mundial han sido los mercados y las instituciones financieras. Durante estos veinte años han campado a sus anchas, más o menos apoyados por algunos gobiernos de turno de manera irresponsable, estableciendo sus propios mecanismos de control social, económico y político. Hoy vivimos prácticamente embargados a lo que dicten los mercados, desde los que tenemos una hipoteca hasta los gobiernos endeudados hasta las cejas.

Nadie puede interpretar del análisis que estuviera añorando la larga etapa de los bloques, aunque fuera más fácil para nuestra tarea de la conceptualización de la política internacional. Lo que sí he echado de menos ha sido la capacidad de los gobiernos y de los partidos políticos para saber interpretar la nueva realidad y adelantarse, con el suficiente nivel de previsibilidad, a los cambios que se avecinaban.

Hoy mandan el petróleo, el oro, la banca y las entidades financieras, los acuerdos comerciales y las deudas externas. Marcan las políticas a realizar y nuestras vidas, las intervenciones armadas y los objetivos en defensa, las relaciones bilaterales y las multilaterales. Habrá que intentar cambiar esto.

miércoles, 17 de agosto de 2011

HISPANIA

Como cada año me he reunido con mis amigos portugueses, largos ratos para charlar y comentar la jugada entre estíos. Me han lanzado la firme propuesta de estudiar las posibilidades de unir España y Portugal en un solo país, recuperando la antigua denominación fenicia y romana de la Hispania.

Ya lo planteó Saramago antes de irse y muchos portugueses pusieron el grito en el cielo llamándole traidor a la patria. Sin embargo, como pasa con muchos temas, con el paso del tiempo y la marcha del mensajero, muchos han reconsiderado la idea y me indican que no sería disparatado darle una vuelta al asunto.

España puede incluir en sus actuales autonomías algunas de las actuales regiones portuguesas, dejar la región de la Gran Lisboa (como la autónoma de Madrid) y los entes autónomos de Madeira y Azores (como Ceuta y Melilla). Ellos lo tienen más claro que yo, pues me han hablado del ahorro que supondría en tantos rubros y las grandes ventajas de unión de los dos países. Me han insistido en una cuestión que me parece fundamental: los pueblos no desaparecen lo único que se modifican son las instituciones que gestionan lo público.

En el marco de un lento avance de la Unión Europea en su proceso de integración, que está siendo puesto en jaque en lo económico permanentemente, no me parece demasiado irreal plantear la fusión en los términos que los dos países soberanos estimen conveniente. Desde luego sería todo un ejemplo para las ansias independentistas de algunas regiones europeas planteando la unificación en lugar la secesión.

Hispania pasaría a ser uno de los países más importantes de la Unión Europea, pues a pesar de la intervención a Portugal y la estancia en la UCI de la economía española, la unión nos colocaría en una situación inmejorable para abordar un nuevo paradigma en la concepción de las políticas públicas en la península.

Me aseguran mis amigos que no son sólo ellos los que piensan en esta posibilidad y afirman que muchos portugueses estarían encantados con el asunto. Les he prometido dedicarle un tiempo al tema al regreso de vacaciones y compartir con algunos compañeros y amigos españoles para ver qué piensan por el lado español. A mí la idea no me desagrada, más bien me atrae y, como siempre, pienso que hemos de estar abiertos a estudiar cualquier posibilidad, intentando dejar en las alforjas nuestros prejuicios.

En fin, me ha parecido interesante comunicaros los diálogos mantenidos sobre la Hispania, porque igual muchos de ustedes también le han dado una vuelta en algún momento.

LOS ESTAFADORES

Entramos en una etapa electoral que se promete repleta de promesas, artes malabares, arremetidas personales, campañas mediáticas, puestas en escena y decenas de titulares. Contaremos en la misma con una serie de expertos que nos inundarán hasta el hartazgo de soluciones mil para hacer nuestra vida más feliz. Se abre la veda de la caza del voto y en la montería todo vale.

De las acepciones que tiene el término “estafar” me quedo con la que indica que estafar es defraudar, no llegar a dar lo que se espera de algo o de alguien. Y en este campo de lo político contamos con un buen número de estafadores. Nos estafan cuando realizan propuestas que luego no cumplen, a veces realizando políticas absolutamente antagónicas a las indicadas en sus programas electorales. Nos estafan, cuando habiendo gobernado y continuando aún en el gobierno, nos dicen lo que harán si ganan las elecciones en los próximos cuatro años, pero que no han hecho en 8 ni lo harán en los meses que aún le quedan por gobernar.

Nos tangan cuando se dirigen a nosotros como lo fundamental en el proceso democrático y luego se olvidan de nosotros en los próximos cuatro años. Quieren hacernos ver que están preparados para ponerse al frente de este país escuálido, cuando lo único que les interesa en agrandar su poder sin realizar ninguna alternativa de cambio real ni de modificación seria de lo que realmente se necesita. Este hábito de estafar al personal es lo que está dando al traste con la credibilidad de la llamada clase política, consiguiendo un alejamiento de millones de españoles de su participación en las urnas.

Por suerte, la ciudadanía española es cada vez más responsable y asume que está en sus manos (y en su cabeza) proceder a cambiar esto. Cuando a uno lo estafan una vez, vale. Pero cuando la estafa se convierte en una norma, adornada por la corrupción y la ineficacia, entonces tenemos que reaccionar para impedir que semejantes truhanes sigan dirigiendo los designios de nuestro país.

Así que ojito con la puja permanente en que se convertirá la campaña en un “a ver quién da más”, porque ese discurso forma parte de la propia estafa. Si volvemos a dejarnos llevar por la ilusión óptica de los mercachifles que les encanta cantinflear para ver a cuánta gente estafan con su discurso, nos convertiremos en cómplices de su propio juego.

Estos birladores de la democracia que han asentado un control absoluto sobre el poder institucional consolidando el bipartidismo para anular la posible alternativa, están llamados a desaparecer. Y la única forma de acelerar tal proceso es no votando sus candidaturas, o dicho de otra forma, cambiando de opciones para hacerles ver que ya no nos van a estafar nunca más.