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sábado, 5 de diciembre de 2015

QUITANDO HIERRO


Como cada cuatro años, nos enfrentamos a la responsabilidad de elegir a los representantes del pueblo para el gobierno del país. A pesar de las campañas apocalípticas no se trata nada más ni nada menos que de eso, de elegir la composición de las cámaras baja y alta, Congreso y Senado y, de forma indirecta, mediante la representación obtenida en el Congreso, a la presidencia del gobierno. Lo mismo que cada cuatro años.

Con la aparición de dos partidos emergentes, PODEMOS y Ciudadanos, que claramente van a terminar con el bipartidismo español reinante durante todo el periodo democrático, lo único que cambia serán los pactos posibles que se darán según la correlación de representación obtenida. Pero cambian solo los partidos o las opciones, porque en varios gobiernos sin mayoría absoluta en el congreso, los pactos ya se dieron, fundamentalmente con las fuerzas nacionalistas de derecha.

Como en cada campaña, los partidos intentan meternos en el discurso de que es “ahora o nunca”, “que estas son las elecciones más importantes de nuestra democracia”, “que nos jugamos mucho”…. Como siempre. Se repite el mismo discurso de todas las campañas y de todos los momentos electorales. Así que nadie se sienta presionado ni tensionado por una situación que no varía ni un ápice de las contiendas electorales anteriores. La noche electoral todos habrán ganado y, al día siguiente, comenzará una etapa de cuatro años de gobierno. Esa etapa es la que debe interesarnos y para ello, debemos concentrarnos en leer muy bien las propuestas concretas de los programas electorales para poder exigir su cumplimiento al equipo de gobierno. De lo contrario las elecciones se decidirán por los momentos televisivos, las simpatías y las tendencias en las encuestas.

Hemos se sentirnos, como electores, con la responsabilidad de elegir a nuestro órgano de gobierno, como si de una cooperativa se tratase donde todos somos accionistas de nuestro país. Y para ello, insisto, más importante que las personas son las propuestas de acciones a implementar por el bien común, para caminar juntos y conseguir mejorar nuestra situación, la de todos.

Un día de reflexión me parece poco, deberíamos tener al menos una semana sin ver ni oír a los políticos por los medios de comunicación ni a tertulianos afanados en debates sobre unos y otros. Una semana completa para concentrarnos en leer las propuestas de gobierno de cada opción, para poder tomar una decisión seria y acorde con el pensamiento de cada persona.

Si entramos en el juego, en el que nos quieren meter una vez más, de que estas son las elecciones más importantes de la democracia, habrán conseguido su objetivo de alejarnos de los debates realmente importantes: las propuestas.

Por lo tanto, quitemos hierro al asunto, no le hagamos el juego a los postureos televisivos y vayamos al meollo del tema: Tenemos que elegir al mejor equipo que haga avanzar nuestro país en derechos sociales, económicos,  culturales y democráticos. Así que a estudiarse los programas de gobierno y a decidir bien.

lunes, 12 de octubre de 2015

YA ERA HORA


Las elecciones generales del 20D, se nos presentan con un cambio fundamental sobre las celebradas hasta ahora: las opciones de gobierno ya no son exclusivas del bipartidismo PP-PSOE. La aparición con fuerza de Ciudadanos y Podemos, rompe con la inercia perniciosa de que el Gobierno de España era cosa de dos.

A sesenta y cinco días para que los electores acudamos a las urnas, lo más resaltable será encontrarnos un Parlamento donde cuatro grupos políticos cuenten con el entorno del 20% de los votos cada uno, dejando el 20% restante a partidos nacionalistas y otros irrelevantes.

Será el Parlamento más vivo de los que hemos tenido a la fecha, donde las mayorías absolutas y otras con apoyos puntuales, han cercenado la sustancia del hemiciclo: hablar. Hemos perdido en este tiempo las maravillosas disertaciones que argumentaran una medida, los debates acalorados en defensa de posturas encontradas, los combates dialécticos que hagan pensar a los ciudadanos.

El ejecutivo que salga de las elecciones no lo tendrá fácil. El Gobierno podría ser cosa de dos, incluso de tres partidos y la vigilancia y control serán mucho más estrictos que hasta ahora.

Posiblemente, todos los partidos aparecerán en la noche electoral diciendo que han ganado, como siempre. Pero los que realmente habremos ganado seremos la ciudadanía,  que inexplicablemente hemos soportado cuarenta años de absurdo bipartidismo.

Ya no valen los llamados al voto útil, ni la utilización del miedo de los asusta viejas sobre la llegada del caos. Ahora toca intentar construir un país distinto, fuerte, sin desempleo, sin vejaciones ni pérdidas de derechos. Un país libre y diseñado para el futuro que no viva enquistado en los males de la vieja Europa. Toca apartar de la política a los corruptos y a los que permitieron la corrupción, toca releer nuestra Constitución y adaptarnos al Siglo XXI, dar prioridad a las personas y a los derechos perdidos.

Aún tengo la esperanza de que nuestro devenir puede cambiar, más que por deseo por necesidad. No podemos permitirnos demasiadas pérdidas de tiempo, porque hay demasiada gente que lleva mucho tiempo perdido. La única opción que nos queda es el cambio real, la modificación de las estructuras dañinas a la ciudadanía y la aplicación de políticas públicas que nos ayuden a avanzar como pueblo.

Recuperar la dignidad robada y mirar al futuro con un poco de ilusión. En realidad no pedimos tanto, sólo apartar de la gestión pública a los ineptos, corruptos y vende patrias que han demostrado ser nuestros gobernantes.



jueves, 1 de enero de 2015

GRECIA Y SYRIZA


La Unión Europea, la Troika y el FMI (Fondo Monetario Internacional), han encendido todas las alarmas ante la convocatoria de elecciones anticipadas por el primer ministro griego, Andonis Samaras. El próximo 25 de enero, los helenos están llamados a las urnas con una intención de voto directo que coloca en primer lugar a Syriza y, como posible ganador a Alexis Tsipras.

El miedo que quieren trasladar los organismos supranacionales puede ser contraproducente, en una campaña en que Syriza irá sumando voluntades acercándose al 50% del voto total. He hablado con amigos griegos y manifiestan su ilusión porque este cambio se produzca en base a tres ideas fundamentales. La primera, tiene que ver con la recuperación de la Soberanía Nacional. Grecia ha vivido sumida en gobiernos a las órdenes de Alemania y de la Troika que, apoyándose en la necesidad del rescate para evitar el caos griego, han marcado la política de recortes en sanidad, educación y prestaciones sociales, condenando a los griegos a una situación extrema, muy parecida a la vivida en España.

En segundo lugar, terminar con bipartidismo que no supo, o no quiso, aprovechar los momentos previos a la crisis económica para hacer fuerte la economía griega y gastaron sin previsión. Un bipartidismo muy parecido al español, entregado a las órdenes del poder financiero y cómplices de la situación de miseria y desempleo que atenaza al país. Jugando a la alternancia han cercenado durante décadas la posibilidad de cambio real, gestionando lo público con despilfarro y no ocupándose de las personas, sino de cumplir las órdenes foráneas.

Por último, una población que ha visto disminuir sus salarios, su poder adquisitivo, la calidad de su empleo, sus prestaciones sociales, con un 25% de paro y un 50% de paro juvenil. Datos muy similares a los de España. El nuevo gobierno tiene que centrarse en las personas y no en el sistema financiero. Una deuda impagable que habrá que renegociar una y cien veces, hasta conseguir quitas y aplazamientos de pagos, reducción de intereses y búsqueda de nuevos amigos prestatarios.

Los guardianes del sistema capitalista y financiero, se preocupan de que un más que posible gobierno de Syriza no cumpla con sus obligaciones de deuda ni con los límites establecidos por la Unión Europea de endeudamiento global. Ya han comenzado a amenazar a los griegos para que no apoyen a partidos como Syriza que puede colocar a Grecia en el abismo y colapso total. Pero los griegos también han cambio su percepción de la política y de los partidos. Creen en la necesidad de recuperar su soberanía, en la posibilidad de cambio de lo de siempre y en que de verdad los gobernantes se ocupen de la ciudadanía y sus problemas, dejando de ser gobernadores a sueldo de la metrópolis.

Sin duda un reto apasionante que se resolverá en pocos días y con muchas similitudes con la situación en España, donde Podemos encarna un papel similar a Syriza y la población percibe la realidad de una forma muy parecida a la de los griegos. 

sábado, 7 de junio de 2014

SE ACABÓ EL CHOLLO.


A juzgar por el enorme interés que se están tomando los partidos convencionales en marcar territorio, parece que se está tambaleando el mercadeo de ocupar cargos públicos en las instituciones como costumbre instalada en nuestra  democracia representativa. Los de la “carrera política”, que ingresaban de jóvenes y se jubilaban en esto, después de haber pasado por innumerables cargos y responsabilidades públicas y, muchos, por más de un partido político, le están viendo las orejas al lobo de que se les acaba el chollo.

La instalación en el chiringuito está siendo cuestionada por la inmensa mayoría de la ciudadanía. No sólo por el reflejo de las tendencias en los votantes sino, además, por el alto índice de desencanto y desafección que se ve reflejado en la abstención creciente. Esta nunca les ha preocupado a los partidos de nuestro sistema democrático, pues al final lo que contaban eran los resultados obtenidos en porcentaje de votos y el reparto de puestos, pero es alarmante y bochornosa en una sociedad que se entienda como moderna y comprometida con lo público.

Son síntomas evidentes de que algo se está moviendo y que socialmente está cambiando. Las preocupaciones fundamentales de la población valorarán las propuestas que incidan en el mantenimiento de un sistema público y de calidad en educación, sanidad, vivienda, servicios sociales e igualdad de la mujer en todos los ámbitos. Se castigará la falta de transparencia, la corrupción, la mala gestión, pero también la chulería, altanería y prepotencia de líderes y candidatos.

La ciudadanía española manifiesta hartazgo del sistema, que puede traducirse en la necesidad de reformar la Constitución en busca de un estado avanzado, del Siglo XXI, modificando la actual estructura territorial e institucional, caminando hacia un Estado Federal, Solidario y Laico. Cambiar la Ley electoral injusta para conseguir una democracia mucho más real y participativa.

Se valorarán las propuestas que sepan abordar el empleo como un derecho ciudadano, aplicando políticas serias que reestructuren nuestros sectores y posibiliten empleo de calidad, basadas en la potenciación del I+D+I y en la reindustrialización competitiva, apoyando a Pymes y autónomos en su desempeño.

Colocar en primer lugar a las personas, conlleva invertir los órdenes actuales (primero el partido, después los ciudadanos), trabajar por la colectividad, abordar la necesidad de cambios sin descanso y dejar de esconderse tras los coches oficiales, los escaños y las reuniones de partido, para salir y estar en la calle, con las antenas puestas y abiertas permanentemente. Los partidos en sí han dejado de interesar, interesan las propuestas y la resolución de problemas que tiene la población.

En este cambio de percepción de lo político, que a primera vista parece un cambio de paradigma, los ciudadanos hemos de tomar conciencia de nuestra responsabilidad en su aplicación práctica. Hemos de estudiar muy bien las propuestas que realizan los partidos, su nivel de credibilidad y su compromiso real con lo público. Ya no queremos representantes sino servidores del bien común.

lunes, 26 de mayo de 2014

VARAPALO AL BIPARTIDISMO



Las elecciones del domingo han dejado claro que el bipartidismo rancio español ya no cala en las grandes capas de la población como antaño. Se ha conseguido reducir su presencia y apoyos a menos del 50% del electorado en todo el país.

El Partido Popular ha reducido tremendamente sus resultados fruto de las políticas del gobierno que el personal estaba deseando castigar. Por su parte, el PSOE, ha descendido a mínimos históricos y se abre el melón de la sucesión de Rubalcaba en los próximos días. Ambos partidos son los grandes perdedores de la contienda europea, posiblemente como inicio de un camino sin retorno del marchitado aliento de las dos Españas que tanto rédito les ha dado en el devenir de la transición.

Nuevas opciones aparecen en el horizonte político de nuestro país. Izquierda Unida se fortalece como tercera fuerza política como una alternativa real para un nuevo modelo de país desde la izquierda, con muchos apoyos de votantes del PSOE. UPyD, el partido de Rosa Díez, consolida su posición de partido en el centro, recogiendo mucho voto del PP. Ambas fuerzas avanzarán en las municipales y autonómicas de Mayo 2015 y en las generales de Noviembre.

La irrupción de Podemos en el escenario político, con un excelente y sorprendente resultado, es incontestable. Ha sabido entender el mensaje de la calle, de los jóvenes y de los hartos de tanta iniquidad. Tiene por delante ser capaz de convertirse en una fuerza política y concretar las acciones a realizar en municipios y comunidades autónomas. Tarea nada fácil pero no imposible.

Por último, Ciudadanos aparece en el escenario nacional de la política para salir de su arrinconamiento catalán, ni más ni menos que con dos eurodiputados. Rivera sabe que su nicho electoral es muy parecido al de UPyD y que ambos partidos disputarán los votos de los desencantados y más centrados del PP. Si saben hacer bien su trabajo, Ciudadanos continuará creciendo.

Pero a nadie se le debe olvidar que más de 50% de la población no ha ido a votar. Y aunque ninguno de los partidos resalte dicho porcentaje, no deben desentenderse de su obligación para que la ciudadanía se vincule y responsabilice de las decisiones sobre sus representantes.

El cambio en España está cerca, muy cerca. Ahora tiene que concretarse en Ayuntamientos y Comunidades Autónomas, antes de afrontar el combate por el cambio de gobierno del país.







sábado, 10 de mayo de 2014

EL BIPARTIDISMO EUROPEO.

Después de la II Guerra Mundial, los países europeos se encontraron con la necesidad de rehabilitación urgente de su economía y de la aplicación de políticas para la recuperación social. Bajo el mando y apoyo aliado de los Estados Unidos, se pudo en marcha el Plan Marshall en busca de acelerar dichos procesos. Inmerso en el mismo se encontraba la polarización de los bloques, comunista y occidental, que marcó el inicio de la Guerra Fría y la necesidad de caminar hacia un Estado del Bienestar que sirviera de freno a la opción soviética.

El escenario al interior de los países pronto colocó las dos grandes opciones que podrían abordar la estrategia marcada en cada país: socialdemocracia y conservadores. Ambas habían firmado un pacto de sangre para conseguir estabilizar la situación en una Europa dañada, al mismo tiempo que se consagraban como alternancia en los gobiernos para mantener los estados, la gobernabilidad y los procesos de rehabilitación.

Durante 70 años, conservadores y socialdemócratas han gobernado los países europeos (con algunas excepciones como España hasta el final de la dictadura), avanzando en líneas muy comunes y casi sin poder apreciar las diferencias de los que estaban en el poder. El pacto de fortalecimiento de los estados pesaba más que cualquier diferencia ideológica apenas perceptible.

En el desarrollo del plan aparecen las primeras propuestas de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero, embrión de lo que posteriormente será la Unión Europea, construida bajo los mismos parámetros de consolidación de las dos tendencias políticas mayoritarias y el paraguas de los llamados Estados del Bienestar para diferenciarse netamente del bloque comunista.

El diseño de las políticas económicas europeas de la actual UE emana de todos esos procesos. De ahí que no debe extrañarnos que la Unión Europea se haya ido construyendo con parámetros bastante conservadores (independientemente de quien gobernara en la misma) y con una estrategia que no controlaba ni el sistema financiero, empresarial, judicial, social ni de política exterior común. Pesaban y pesan mucho más los intereses particulares de cada Estado miembro que la aplicación de políticas públicas que conformaran una Europa realmente Unida.

El apoyo ciudadano que actualmente tienen las instituciones europeas es mínimo. Básicamente porque son reflejo y traslación de los bipartidismos citados que campean en cada uno de los países que la componen, siendo las dos tendencias mayoritarias en todas las instituciones. La percepción del ciudadano sobre Europa no es ya que sirva para poco (pues más del 70% de las políticas que se aplican en los países emanan de la UE), sino que lo que se cuece y decide en Europa está marcado por las tendencias del bipartidismo que no han funcionado en sus propios países y han degenerado en una democracia meramente representativa apta sólo para políticos profesionales alejados de la realidad que vive la población general.

EL 25 de mayo Europa se enfrenta de nuevo a unas elecciones al Parlamento Europeo, afrontando el mayor descrédito de su corta historia. Los ciudadanos europeos vemos demasiado lejos y con poco control ni capacidad de decisión sobre lo que hagan las fuerzas del bipartidismo. La referencia percibida de la población ha sido la intervención de la troika, la obligación de aplicar recortes sangrantes que han puesto al borde del abismo a varios países y ha sumido en la miseria a muchos millones de europeos.

Al tiempo, traducen la realidad política de su país, observando cómo conservadores y socialdemócratas continúan en la pelea del bipartidismo, sin alternativas reales a lo que ahora tenemos y con un fuerte sentimiento de frustración para poder cambiar las cosas. Aparecen nuevas opciones, minoritarias pero bastante alternativas a lo de siempre, que hay que contemplar como viables en el futuro inmediato si pretendemos acabar con ese bipartidismo europeo y nacional. Y los ciudadanos deberían pensar que si bien en este momento no se conseguirá desbancar del poder a unos y a otros, podemos encontrarnos en un camino sin retorno que posibilitará en el medio plazo que ese cambio sea posible.




jueves, 16 de enero de 2014

OBAMA Y RAJOY

Por ventura los datos globales de nuestra economía empiezan a estabilizarse creando cierto optimismo en las inversiones extranjeras. Rajoy ha venido sonriente de su visita al oráculo de Washington por sus imágenes con el todopoderoso Obama, después de rendir la correspondiente pleitesía y traerse unos lacasitos de regalo, vendiendo un espaldarazo de USA a las políticas puestas en marcha por su gobierno.

Lo que no ha destacado la prensa española ha sido lo bien informados que están los asesores norteamericanos, ya que Obama le ha trasladado a Rajoy su preocupación por un desempleo exagerado del 26% y le ha instado a perseverar en solucionar tan enorme desajuste social. Es decir Mariano, o comienzas a solucionar la bárbara recesión que afecta a la clase media española y aumenta los niveles de pobreza y de pobreza extrema, o estos cantos de sirena que me traes serán sólo eso.

La Casa Blanca siempre tiene algún objetivo específico cuando recibe a un presidente de otro país. Saben que se utilizará la imagen de Obama para venderla a favor del recibido y para ello establecen un canon que prefijan de antemano. En nuestro caso, Rajoy ha estado encantado de pagar dicho canon a sabiendas de que el rédito político en España y en Europa de su visita merecía mucho la pena. Efectivamente, lo han adivinado: “Cerrar el asunto del Escudo Antimisiles en la base de Rota”, lo que Rajoy obviamente ha garantizado poniéndose a la entera disposición de las necesidades y estrategias de defensa de ejército USA.
Lo del tirón de orejas por el desempleo y la desigualdad es lo de menos, lo de las escuchas ilegales y el espionaje de la NSA con el apoyo del CNI para qué vamos a sacarlo en tan insigne encuentro de líderes mundiales. Lo importante es lo importante y lo demás es accesorio.

Me da la impresión de que nuestro presidente sigue sin enterarse de las necesidades de los españoles y, sobre todo, de sus sentimientos. La evaluación al 1,75 de desprestigio de la política española es todo un mazazo a la línea de flotación de un gobierno déspota que realiza políticas con un rodillo vetusto y que pretende hacernos tragar que la mayoría obtenida justifica todo lo que quieran hacer.

Da la impresión de que el gobierno está trabajando más con el objetivo de acrecentar la desafección hacia la política y aumentar la abstención a cifras desconocidas, que por reconducir una situación económica que consiga reducir las desigualdades entre españoles. Es muy posible que la jugada les salga bien, porque si los ciudadanos no van a votar (serán los más críticos) saldrán beneficiados con sus leales los del bipartidismo.

Una pena que no tengamos estadistas en política y que el perfil sea tan bajo y tan mediocre en nuestros gobernantes. De ahí que la decisión y responsabilidad sea exclusivamente nuestra.


lunes, 9 de diciembre de 2013

GOBIERNO MEDIOCRE.

Instalados en que la realidad es la que impone las políticas y que no se puede hacer aquello que vaya en contra de los intereses de Europa (Alemania), nuestro gobierno está demostrando la incapacidad para llevar a cabo medidas de alcance con resultados a medio y largo plazo. Ninguna de las medidas tomadas hasta ahora estaría dentro de un plan, una estrategia con verdaderos visos de previsibilidad ante la grave situación que atenaza a España, desde las pensiones hasta la educación, pasando por la sanidad y el empleo, la estructura política del estado o el incremento de la pobreza.

Ni siquiera son capaces de responderse a las preguntas básicas de la planificación: Cuando se toma una medida, siempre hay que analizar a quién beneficia y a quién perjudica, al tiempo que cabe preguntarse lo mismo en caso de que no se tomase dicha medida. Esta dinámica es utilizada por la gran mayoría de los que nos dedicamos a la Planificación Estratégica y su análisis y conclusiones suelen ser de lo más certeras, evitando la improvisación y el despilfarro de propuestas y presupuestos.

Nuestro gobierno es mucho más cortoplacista y lo que le interesa son los resultados que se tendrán en las próximas elecciones, no gobiernan para las próximas generaciones sino pensando en el rédito electoral de determinadas medidas. Muchos políticos del arco parlamentario les acompañan en esa dinámica, pues realizan también oposición cortoplacista basada en la contestación inmediata (normalmente en negativo) sobre las propuestas y ocurrencias gubernamentales. Básicamente el PSOE, alejado de un plan real alternativo, cegado por la alternancia, adolece de una visión holística que les sitúa en el amarre del bipartidismo como forma de gobierno.

Es cierto que la mayoría de la población se deja seducir por los resultados inmediatos de la aplicación de determinadas políticas públicas y que eso lo saben muy bien los dos trasatlánticos, pero no lo es menos que muchos ciudadanos comienzan a pensar en futuro, sobre todo en aquellas decisiones que nos afecta a medio y largo plazo. En la medida en que la población vaya valorando posicionamientos más de Estado y menos de Partidos, la permanencia del bipartidismo corre peligro. En política no basta pensar en el hoy sino, sobre todo, pensar en el mañana sabiendo que el país será distinto en población, problemáticas y necesidades.

De momento esto es lo que tenemos: un Gobierno atónito, con encefalograma plano y que actúa más como delegado de Alemania que como responsable último del futuro de los españoles. Es la clave que tenemos la obligación de cambiar en las próximas elecciones generales.


sábado, 18 de mayo de 2013

LOS MALES DEL BIPARTIDISMO


Después de 35 años de democracia en nuestro país, muchas son las cuestiones a revisar de nuestro funcionamiento político. Como en cada situación de cambio, al pasar un determinado tiempo conviene hacer una evaluación global para detectar aquello que ha servido, con lo que nos ha ido bien, así como lo que no ha funcionado para intentar cambiarlo a mejor.

Si nos detenemos a analizar cada uno de los aspectos que no funcionan, la lista sería interminable y, posiblemente, nos alejaría de buscar el punto focal en dicha evaluación, ya que todos ellos tienen una raíz común: el bipartidismo PP-PSOE.

Ambos partidos han tenido periodos de gobierno, alternándose en el poder en todos los ámbitos de la administración: central, autonómica, provincial y local. Para ambos, la alternancia era la opción, no la alternativa. Mantener todas las estructuras de poder político y una administración gigantesca, les permitía un amplio escenario donde ubicar miles de puestos políticos que engrosarían la mamadera de lo público.

Ninguno de los dos partidos grandes (que no grandes partidos) han abordado, con rigor y velando por los intereses de todos, la necesaria reforma de la estructura política del Estado. Y no lo han hecho porque a ambos le ha ido y les va bien. Mantienen más de 8.000 ayuntamientos en España, cuando por ejemplo Brasil, con 200 millones de habitantes sólo cuenta con 5.300 municipios. Mantienen las Diputaciones Provinciales, entes que quedaron absorbidos en competencias al ponerse en marcha el mapa autonómico y que duplican inexplicable el gasto y estructuras públicas. Permitieron la creación de infinidad de mancomunidades, instituciones que se han convertido en un coladero de enchufes y mal gobierno. Asumieron como normal los estatutos autonómicos llamados de segunda generación, que vinieron a profundizar las asimetrías entre comunidades autónomas consolidando la desigualdad entre los servicios públicos a los españoles.

Pero eso a PP-PSOE les daba exactamente igual. Lo importante, lo realmente importante para ellos, es obtener el poder y distribuir miles de cargos públicos que, como bocas agradecidas, trabajen para mantenerse en el poder. Esa ha sido su única visión de Estado, su única vinculación con las estructuras políticas que no han usado para cambiar la realidad española y poner en marcha la previsibilidad de acciones políticas para la mejora social y económica, sino simplemente para permanecer en el poder.

Tanto daño nos ha hecho esto en el avance democrático en nuestro país, que por fin cada vez más ciudadanos captan el mensaje de que el discurso y el debate, al que nos han querido llevar, es ficticio. Ya hemos descubierto que no se trata de contraponer propuestas sobre determinados temas o asuntos claves (asuntos que ellos decidían si eran claves o no), sino de estar o no estar en el poder.

Detenerse a visualizar la gran cantidad de casos de corrupción, la ineficacia de la política económica, la pérdida de servicios sociales, la pésima gestión pública, los recortes en educación o sanidad, las propuestas de privatización, el contubernio con la iglesia católica, el paro general o el juvenil, sería entretenernos en los síntomas sin ver la causa.
Atacar de raíz la causa que ocasiona un país a la deriva significa acabar con el bipartidismo, erradicarlo de los ámbitos de poder, terminar con las estructuras empresariales y oficinas de colocación en las que se han convertidos ambos, para recuperar la dignidad.

Los políticos a los que elegimos son nuestros representantes en las instituciones, nosotros los ponemos y nosotros los quitamos. Es la quintaesencia de la democracia. Por eso, si realmente queremos cambiar la situación actual y avanzar en un desarrollo democrático, hemos de tomar la decisión firme de acabar con un bipartidismo dañino y autocomplaciente.

viernes, 4 de enero de 2013

SABER ELEGIR.


Se ha puesto de moda en todas las tertulias políticas hablar de la desafección ciudadana hacia la política en general y hacia los políticos en particular. Obviamente, la calle acoge reflexiones sobre el tema y lo plasma en opinión que aparece reflejada en las encuestas del CIS.

La “clase política” o la “casta política”, se sitúan en las encuestas como el tercer gran problema de nuestro país, después de la crisis económica y el paro. Estas reflexiones ciudadanas se trasladan a lo cotidiano y en cualquier lugar y a cualquier hora se oyen descalificaciones hacia los políticos.

Seguramente, la ciudadanía acierta en la percepción, toda vez que la traducción real de la desafección viene motivada por la incapacidad de los políticos en las instituciones para resolver nuestros problemas y aplicar el gasto público (que sale de nuestros impuestos) con criterios que no compartimos. Hasta ahí, todo bien. Los políticos en gobierno (central, autonómico, provincial o municipal), deberían batirse el cobre para garantizar mejoras en nuestra calidad de vida y velar por los fines últimos del bien común.

Pero, como en casi todo, existe otra versión del asunto. Aquella relacionada sobre la responsabilidad de cada ciudadano, convertido en elector, que cuando es llamado a las urnas, apuesta por un determinado partido. Así pues, siendo cierto que no contamos con los mejores fichajes en los equipos políticos de gobierno, no lo es menos que somos los ciudadanos con nuestro voto los que ponemos o quitamos a unos o a otros.

A lo largo de nuestra etapa democrática hemos vivido dentro de un bipartidismo dañino y manipulador que ha orientado a los electores hacia el PP o hacia el PSOE, alimentando a la bestia del despropósito y dejando nuestro futuro en manos de auténticas maquinarias electoralistas y alejadas de la realidad.

El ciudadano tiene todo el derecho del mundo a quejarse, faltaría menos. Pero no puede ni debe olvidar que lo que tengamos en política es gracias a su voto, a su participación o abstención en unas elecciones. De ello se desprende que además del derecho al pataleo también tenemos la responsabilidad de saber elegir, de analizar las propuestas que se nos presentan, de aplicar criterios serios a la hora de seleccionar una papeleta de partido.

Por suerte, muchísima gente se está dando cuenta del error de continuar con el bipartidismo y cada vez más se apoyan a partidos políticos nuevos, que con aire fresco pretenden romper con la casta política para centrarse en la ciudadanía. Pero esa propuesta de cambio real sólo depende de que el elector sepa elegir.


viernes, 26 de octubre de 2012

CHILE, HACIA 2013


El próximo domingo 28 se celebran en Chile las elecciones municipales para elegir a 346 Alcaldes y unos 3.000 concejales. El momento se presenta de suma importancia a la hora de constatar si los cambios políticos acaecidos en el país han cuajado entre la población de cara a las presidenciales del año próximo.

Hay que recordar que en las anteriores elecciones celebradas en 2008, la distribución de alcaldías fue de 145 municipios para la derecha, actualmente en el gobierno con Sebastián Piñera, mientras que la llamada “Concertación” obtuvo 147 alcaldías. Sin embargo, la aparición de nuevas propuestas políticas nos presenta un panorama muy distinto a tener en cuenta.

Por un lado, va influir en la elección el “voto de castigo” que pueda traducirse en un desapego al partido en el gobierno, lo que hace presumir que la derecha perderá algunas alcaldías. Por otro, la Concertación se presenta más dividida que nunca y solamente la sostienen los dos grandes partidos, socialistas y demócrata cristianos, quedando al margen un buen número de formaciones. Es importante señalar aquí, que dependiendo del número de apoyos con los que cuente la Concertación, es decir del grado de aceptación de sus propuestas, la ex presidenta Michelle Bachelet decidirá sobre su candidatura a las presidenciales del 17 de Noviembre de 2013.

Por último, cabe resaltar el enorme apoyo social con el que cuentan las propuestas y candidatos del nuevo partido de Los Progresistas, que encabeza Marco Enríquez Ominami, candidato presidencial de esta formación. Tienen la posibilidad no sólo de asumir alguna alcaldía sino de obtener representación en muchas de ellas y será un perfecto trampolín para la candidatura de MEO.

Los progresistas chilenos se han ido ganando el afecto de las capas sociales medias con un discurso novedoso, firme y cercano, muy alejado de las viejas formas de hacer política, que puede ser la sorpresa no solo en las municipales sino también de cara a las presidenciales, poniendo en jaque al bipartidismo.

De cualquier forma, el peso de las dos grandes formaciones políticas será notable y acapararán el mayor número de alcaldías en estos comicios. Será a posteriori cuando tengamos que sacar las conclusiones precisas de hacia dónde se encamina la política en Chile para los próximos años. La Concertación está agotada y la derecha disminuida, pero aún quedan figuras públicas con mucho peso en ambas coaliciones.


martes, 23 de octubre de 2012

MIRAR PARA OTRO LADO.


La situación que viven millones de jóvenes en nuestro país debería hacernos reflexionar sobre lo que está pasando y lo que nos espera en los próximos decenios. El sistema financiero se ha hecho con el poder manejando los hilos y directrices de la política, obteniendo la prioridad absoluta de los gobiernos occidentales y relegando a un segundo plano a las personas.

Llama la atención que en los noventa del siglo pasado la edad de emancipación estuviera situada en torno a los 23-24 años y que en la actualidad la misma se sitúe de media en los 30. Dándose la paradoja de que un buen número de aquellos que se independizan al poco tiempo han vuelto a su núcleo al haber reducido sus ingresos o simplemente haber perdido su trabajo. Se está produciendo una especie de “dejavu” en los jóvenes que aumenta su grado de frustración personal y retrotrae a los hogares a situaciones plurifamiliares.

Las políticas desarrolladas en los últimos años han conseguido llevar al desempleo al 50% de los jóvenes de nuestro país, muchos de ellos con una carrera universitaria concluida, que ven como sus posibilidades de salir de casa se les esfuma cada minuto.

Si no ponemos freno a esta situación de inmediato, creando mayores opciones de crecimiento económico, favoreciendo el empleo juvenil con planes específicos de incorporación al mercado laboral, tendremos un resultado de dos generaciones absolutamente perdidas. Ya vamos demasiado tarde para impulsar estas políticas pero si no lo hacemos caeremos en la recesión más absoluta poniendo en peligro el baluarte de la caja de la seguridad social, es decir, el pago de las pensiones de jubilación en los próximos años, abriendo así otro melón de gravísimas consecuencias.

Un país que tiene a la mitad de los jóvenes sin empleo y a muchos de los que trabajan en condiciones de total precariedad, es un país condenado al fracaso. Y no hablo sólo de la economía sino más bien de las personas. Jóvenes que están comprobando que viven en un Estado Fallido. Un Estado en el que comprobamos día a día como se van dilapidando todos los logros obtenidos desde la llegada de la democracia y que tanto trabajo y sacrificio costaron conseguir.

La banca es sin duda la gran culpable de esta situación, pero no debemos mirar para otro lado y reflexionar sobre la gravísima complicidad que las fuerzas políticas del llamado bipartidismo han mantenido durante este tiempo. Su miopía política, las prebendas, la casta y el poder por el poder, con absoluta ignorancia de la exigible previsibilidad para el buen gobierno, nos han llevado a la situación en que estamos. Y al final, los culpables seremos nosotros por no haber elegido bien a nuestros representantes en las instituciones públicas.

jueves, 16 de febrero de 2012

TENER AMPLITUD DE MIRAS.


La política española sigue secuestrada por el bipartidismo ahora alternando en el poder el Partido Popular. Me da la impresión en estos primeros meses de gobierno que no hemos cambiado de régimen, que seguimos instalados en el mismo, aunque gobernados por la otra cara de la misma moneda.

Y aunque los ciudadanos de momento observan con expectación cuáles serán los siguientes pasos, un poco para auto convencerse de que eligieron bien el 20 de Noviembre quitando a los socialistas, van perdiendo poco a poco las ilusiones de que la política pueda cambiar realmente en España.

Y no va a cambiar porque la instalación en el poder tiene eso en estos dos partidos que juegan a ser partidos de poder, el poder que una vez obtenido se convierte en un fin en sí mismo para ser mantenido. Dejando lejos a los ciudadanos, que como les han apoyado recientemente para asumir gobierno poco tendrán que decir.

Los representantes del bipartidismo del PP y del PSOE tienen asumido que esto de tener el poder va por ciclos y que basta sentarse unos años a esperar que el otro acumule suficientes errores como para regresar al poder. Cansan, de verdad cansan. Pero lo grave sigue siendo que continúan desencantando de la política y de la confianza en las instituciones públicas a los ciudadanos que decidirán alejarse de su obligación de votar.

En realidad esto es lo que persiguen los dos trasatlánticos de la política española, porque los ciudadanos críticos son molestos y cercenan sus ansias de poder por el poder. Ellos mantienen los escenarios en los que se mueven bien: el cortoplacismo, el pactismo, la componenda y la prebenda, porque saben que así podrán continuar estando arriba.

Es, por lo tanto, la ciudadanía la única con capacidad, responsabilidad e instrumentos para cambiar de una vez está ridícula situación. Uno de esos instrumentos es el voto, la capacidad de elegir, de colocar en el ejercicio de la responsabilidad pública a aquellas personas que no se alejen de la realidad ni de nuestros problemas para centrarse en los suyos como “casta política”.

Hemos de tener amplitud de miras para ser capaces de cambiar radicalmente nuestra representación política, otear el horizonte y recuperar la confianza en personas de partidos nuevos, que tienen en su ADN el no haber nacido para vivir de la política. Hemos de recuperar nuestra responsabilidad de ciudadanos comprometidos con los de todos, no regalando el voto, sino evaluándolo permanentemente, de forma continua, sin dejarnos engañar por los vividores que llevan en esto más de 30 años sin que les de vergüenza la situación en la que estamos.

Esa amplitud de miras es en la que confío para que en el breve plazo seamos capaces de recuperar el compromiso de los ciudadanos y ciudadanas de este país.

domingo, 4 de diciembre de 2011

LA PEGATINA EN EL PAÑAL.

Los españoles vamos dando pasos de gigante en esto de entender la democracia y las llamadas a las urnas. Cansados de tener que elegir siempre lo mismo, potenciando un bipartidismo troglodita, vamos asumiendo, poco a poco, que nos toca leer los programas electorales, visualizar los compromisos personales de aquellos que nos representarán y observar temporalmente sus acciones.

Vamos descubriendo que no nacemos con una pegatina en el pañal que indica a qué partido votar o de que ideología somos, ya que durante nuestro desarrollo vital vamos reflexionando, viendo aptitudes y actitudes nuestras y de otros, lo que se traduce en un espíritu crítico y constructivo de nuevas realidades.

Como dijera René Descartes “hemos de pensar que los que sostienen opiniones contrarias a las nuestras no necesariamente están equivocados”. Y esta máxima puede convertirse en una nueva manera de entender las tareas de gobiernos y el quehacer parlamentario. Pueden darse propuestas desde cualquier grupo político que merezca la pena apoyar porque buscan el progreso de nuestra sociedad y la solución a los graves problemas que venimos padeciendo. Y esas propuestas merecen ser apoyadas.

Por el contrario, pueden realizarse propuestas regresivas que ahonden las dificultades que estamos pasando y las asimetrías entre los derechos y deberes de los españoles. Serán propuestas que, vengan de donde vengan, no se han de apoyar.

Estos principios, que parecen tan básicos, no se han dado en la política española desde la recuperación de la democracia. Una vez colocada la pegatina, en el pañal o en la frente, todo aquello que propusieran los otros sería malo, mientras que lo que propongamos nosotros siempre será lo mejor. Y esa dinámica es la que ha provocado el estancamiento de lo político, de lo público, de lo comunitario en nuestro país.

Ha evitado que tengamos grandes pactos de estado que nos ayuden a todos a superar nuestro “tempo de dificultades”, pactos que podrían ser fácilmente asumibles por todos los grupos políticos y por la mayoría de los españoles. Ha frustrado la aparición de grandes estadistas en la política, contando con líderes cortoplacistas que piensan más en las siguientes elecciones que en los próximos problemas a abordar.

Ha colocado al frente de nuestro país a partidos con nula o escasa capacidad de previsibilidad, dedicándose a gestionar lo público de forma ineficaz, costosa y proclive al clientelismo. Han potenciado un bipartidismo para la alternancia en el poder olvidándose de los ciudadanos.

Pero, por suerte, eso va tocando a su fin y las pruebas las tenemos en que los ciudadanos cada vez asumen con mayor claridad su responsabilidad de jefes, de electores, de poner o de quitar. Lo cual nos da cierto margen de confianza en que las cosas pueden cambiar de verdad si usamos nuestro libre albedrío a la hora de analizar qué merecemos.

domingo, 16 de octubre de 2011

RECUPERAR LA DIGNIDAD

Decía Concepción Arenal, que “La dignidad es el respeto que una persona tiene de sí misma y quien la tiene no puede hacer nada que lo vuelva despreciable a sus propios ojos”. Su lapidaria afirmación nos debe sumergir en una reflexión de nuestros días que cuestiona con demasiada actualidad el momento que nos toca vivir.

La primera parte, nos indica que en la pérdida del respeto hacía uno mismo se encuentra el germen de lo indigno, de tal forma que cuando nos auto perdemos el respeto comenzamos a resultar indignos. Muchos pretenden colocar la indignación fuera del ámbito de lo personal, buscando siempre culpables externos, los de arriba, los que mandan, los que ordenan. Pero la dignidad se encuentra mucho más cerca de todo eso, dentro de uno mismo y, a la vez, no es una meta a conseguir o dadivosamente otorgada, porque la dignidad o se tiene o no se tiene. O se es digno o no se es.

La segunda parte de la frase nos indica el camino a seguir. Quien tiene dignidad, quien se siento digno, al mirarse a diario al espejo de la vida sabe a la perfección lo que está haciendo o dejando de hacer (acción u omisión), para continuar o dejar de ser digno.

Estamos recibiendo demasiados avisos sobre lo que podemos denominar “la intención de lo indigno” en la vida política de nuestro país, para no extenderme al orbe y hacer larguísimo esta nota. Fundamentalmente, la concepción de la política como una actividad de “clase”, de iluminados y llamados, que practican el axioma del “más allá de nosotros no hay nada”, y que han manejado los hilos y designios de España a su antojo en los últimos treinta años.

En lugar de fortalecer nuestra democracia nos han tejido una red institucional insostenible, cara e ineficaz, con el único objetivo de tener más poder, de que paguemos todos los peajes necesarios en cuantas más instituciones mejor. Una maraña de mandamases, incapaces de abrirse camino en sus vidas profesionales, que se aferran al poder político como una lapa y del que, por supuesto, no están dispuestos a desprenderse.

En realidad hemos sido “cómplices necesarios” en que esto sea así e insisto en lo de por “acción u omisión”. Por eso, recuperar la dignidad no es ya una cuestión de lo otro, de los otros o de los demás, sino llana y exclusivamente, nuestra, de cada uno de nosotros. Mirarnos al espejo y manifestar nuestra disposición a terminar con esto, a cambiar de una vez las tropelías, enchufes, despropósitos y torpezas de quienes nos gobiernan. Es decir ¡Basta! a tanto caradura; es gritar “Estoy Aquí” y no voy dejaros continuar haciendo lo que os dé la gana. Es una afirmación comunitaria de pedir explicaciones y de tomar decisiones para que los de siempre no tenga la impunidad del bipartidismo.

Millones hemos de recuperar la dignidad, que sin duda va necesitar de la implicación política para hacer viable el bien común. Y no hacer nada, quedarnos en casa o simplemente vociferar, no ayudará a que conjuntamente seamos más dignos, sino que propiciará el que continúen los de siempre haciendo lo mismo de siempre: nada de nada.