domingo, 18 de mayo de 2014

BRASIL, EL GRAN GAMONAL.

Desde hace varios años, Brasil se prepara para la inminente celebración del mundial de futbol 2014 y las Olimpiadas 2016 de Río de Janeiro. Una foto horizontal de las grandes ciudades cariocas nos mostraría un inmenso escenario plantado de enormes grúas interactuando en la construcción de infraestructuras deportivas y nuevos edificios.

El desarrollo en Brasil ha experimentado un enorme crecimiento y, hoy por hoy, es una de las potencias emergentes más importantes del mundo junto a China, Rusia, India y Sudáfrica, formando el grupo llamado BRICS. Pero a nadie se le escapa que unido al desarrollo económico de las macro cifras, Brasil no ha conseguido eliminar las grandes y graves desigualdades que se dan en el gigante suramericano. La pobreza extrema se ha reducido considerablemente, pero se ha ensanchado la pobreza a la vez que los servicios públicos (fundamentalmente salud y educación) siguen siendo de escasa calidad.

Las clases medias brasileras y medias bajas, han decidido salir a las calles del país para manifestar su desacuerdo con la priorización realizada por el Gobierno en los enormes gastos de infraestructuras para los dos eventos señalados, descuidando sine die la mejora de los servicios en Salud y Educación, donde la política de la Presidente Rousseff hace aguas. Se han organizado todo tipo de entidades: sociales, vecinales, gremiales, políticas, etc., para hacer saber al Gobierno y a la opinión pública internacional, que Brasil sufre demasiadas escasez como para permitirse las grandes inversiones que se están dedicando al deporte en detrimento de la atención y mejora de los servicios a los ciudadanos.

Como un enorme Gamonal, se han plantado con argumentos sólidos y contundentes de denuncia de abandono de una salud pública, ya precaria de por sí, y una educación de muy escaso nivel para los puestos que Brasil ocupa en los estamentos económicos internacionales. Saben los gamonales brasileros que tanto el mundial de futbol como las olimpiadas son un espejo internacional de enorme valor mediático, aunque de efímero resultado económico. Los varios millones de extranjeros que visitarán el país con ambos eventos, entrarán y saldrán en un abrir y cerrar de ojos, quedando muertas las instalaciones y pagando el coste de las mismas durante varias decenas de años en detrimento de la aplicación de políticas sociales.

Es una llamada al mundo para decirles que los grandes fastos que tanto nos divierten y entretienen, generan unos costes insufribles para la población más desfavorecida y retrasan en varios lustros la mejora que realmente necesitan e interesan a los brasileños. Una llamada que hemos de recibir con mente abierta y aplicar como en el barrio de Gamonal a la realidad de cada lugar, pensando globalmente para actuar localmente.

Así que solo puedo agradecer a los cientos de miles de brasileños que salen a la calle a protestar y recordarnos que Brasil no se reduce a Futbol y Samba, sino que reproduce el espíritu de Gamonal dando un ejemplo de ejercicio de ciudadanía. Gracias.

sábado, 10 de mayo de 2014

EL BIPARTIDISMO EUROPEO.

Después de la II Guerra Mundial, los países europeos se encontraron con la necesidad de rehabilitación urgente de su economía y de la aplicación de políticas para la recuperación social. Bajo el mando y apoyo aliado de los Estados Unidos, se pudo en marcha el Plan Marshall en busca de acelerar dichos procesos. Inmerso en el mismo se encontraba la polarización de los bloques, comunista y occidental, que marcó el inicio de la Guerra Fría y la necesidad de caminar hacia un Estado del Bienestar que sirviera de freno a la opción soviética.

El escenario al interior de los países pronto colocó las dos grandes opciones que podrían abordar la estrategia marcada en cada país: socialdemocracia y conservadores. Ambas habían firmado un pacto de sangre para conseguir estabilizar la situación en una Europa dañada, al mismo tiempo que se consagraban como alternancia en los gobiernos para mantener los estados, la gobernabilidad y los procesos de rehabilitación.

Durante 70 años, conservadores y socialdemócratas han gobernado los países europeos (con algunas excepciones como España hasta el final de la dictadura), avanzando en líneas muy comunes y casi sin poder apreciar las diferencias de los que estaban en el poder. El pacto de fortalecimiento de los estados pesaba más que cualquier diferencia ideológica apenas perceptible.

En el desarrollo del plan aparecen las primeras propuestas de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero, embrión de lo que posteriormente será la Unión Europea, construida bajo los mismos parámetros de consolidación de las dos tendencias políticas mayoritarias y el paraguas de los llamados Estados del Bienestar para diferenciarse netamente del bloque comunista.

El diseño de las políticas económicas europeas de la actual UE emana de todos esos procesos. De ahí que no debe extrañarnos que la Unión Europea se haya ido construyendo con parámetros bastante conservadores (independientemente de quien gobernara en la misma) y con una estrategia que no controlaba ni el sistema financiero, empresarial, judicial, social ni de política exterior común. Pesaban y pesan mucho más los intereses particulares de cada Estado miembro que la aplicación de políticas públicas que conformaran una Europa realmente Unida.

El apoyo ciudadano que actualmente tienen las instituciones europeas es mínimo. Básicamente porque son reflejo y traslación de los bipartidismos citados que campean en cada uno de los países que la componen, siendo las dos tendencias mayoritarias en todas las instituciones. La percepción del ciudadano sobre Europa no es ya que sirva para poco (pues más del 70% de las políticas que se aplican en los países emanan de la UE), sino que lo que se cuece y decide en Europa está marcado por las tendencias del bipartidismo que no han funcionado en sus propios países y han degenerado en una democracia meramente representativa apta sólo para políticos profesionales alejados de la realidad que vive la población general.

EL 25 de mayo Europa se enfrenta de nuevo a unas elecciones al Parlamento Europeo, afrontando el mayor descrédito de su corta historia. Los ciudadanos europeos vemos demasiado lejos y con poco control ni capacidad de decisión sobre lo que hagan las fuerzas del bipartidismo. La referencia percibida de la población ha sido la intervención de la troika, la obligación de aplicar recortes sangrantes que han puesto al borde del abismo a varios países y ha sumido en la miseria a muchos millones de europeos.

Al tiempo, traducen la realidad política de su país, observando cómo conservadores y socialdemócratas continúan en la pelea del bipartidismo, sin alternativas reales a lo que ahora tenemos y con un fuerte sentimiento de frustración para poder cambiar las cosas. Aparecen nuevas opciones, minoritarias pero bastante alternativas a lo de siempre, que hay que contemplar como viables en el futuro inmediato si pretendemos acabar con ese bipartidismo europeo y nacional. Y los ciudadanos deberían pensar que si bien en este momento no se conseguirá desbancar del poder a unos y a otros, podemos encontrarnos en un camino sin retorno que posibilitará en el medio plazo que ese cambio sea posible.




martes, 6 de mayo de 2014

GUERRA EN UCRANIA.

Si nadie lo remedia, en Ucrania podría estallar una guerra civil en los próximos días. Parecen que han ido fracasando uno tras otro los intentos diplomáticos para detener el sinsentido, aunque aún quedan algunos pasos por dar.  Rusia mantiene su nivel de tensión en la zona y no está dispuesta a que los pro-rusos ucranianos, de las regiones del este y algunas del sur, sean masacrados por el ejército de Kiev.

Por su parte, la Unión Europea continúa con sus medidas Light ante la amenaza que supone que Rusia les corte el suministro de gas que para varios países es imprescindible. Justo cuando celebramos elecciones en Europa el conflicto va a entrar en sus peores momentos y el nivel de indecisión europeo será mucho mayor.

EE.UU. ha tomado la batuta para intentar frenar el asunto de la guerra y está mostrando todas sus cartas diplomáticas para frenar la intervención de Moscú, al tiempo que se prepara para una acción militar auspiciada por la OTAN. El despliegue de la Alianza no ha sido silencioso, querían que se conociera, situando fuerzas y armamento en las fronteras de mayor importancia, como un gesto de aviso y prevención.

El aumento de los movimientos de cazas y aviones de transporte en la base estadounidense de Morón de la Frontera (Sevilla), deja entrever que algo gordo se avecina y que los estrategas militares están preparándose para un escenario de guerra. La situación de máxima alerta ha sido declarada y no conocemos aún la implicación para las fuerzas armadas de nuestro país ni la presencia activa que tendrían en el conflicto.

La diplomacia de las cañoneras es la que se impone. Putin no está dispuesto a ceder ni un ápice sabedor de su potencial en recursos naturales y su poderío militar. Estados Unidos no va a permitir que la anexión de varias regiones ucranianas por Rusia se convierta en un hecho. En medio, la gran mayoría de la población ucraniana y la desestabilización de la paz en una Europa lenta, elefantiásica y momificada.

Aún queda un movimiento preventivo por parte de la ONU, enviando cascos azules a las zonas conflictivas para evitar el enfrentamiento armado, pero esa posibilidad no saldrá adelante sin el apoyo de la propia Rusia ni el de China, con derecho a veto en el Consejo de Seguridad.

Todo nos recuerda los peores momentos de la guerra fría y es posible que estemos recuperando los niveles de idiotez que marcaron tan ignominiosa situación. Pero el conflicto está servido y mucho me temo que Ucrania entrará en guerra civil más pronto que tarde. Ojalá me equivoque.



viernes, 2 de mayo de 2014

LA GUERRA CALIENTE.

Pensar que la Guerra Fría terminó con la caída del muro de Berlín es, simplemente, de bienintencionados. Es cierto que desapareció el bloque socialista soviético y con ello quedaron abiertas todas las opciones para el desarrollo del otro bloque, el capitalista, eufemísticamente llamado occidental. Pero en pocos años pudimos comprobar que la guerra fría iba tornándose en guerra caliente con un gran número de conflictos armados que han mantenido y mantienen nuestro planeta en guerra permanente.

En estos momentos, Ucrania se convierte en epicentro de la lucha de poder de los bloques. Todo parece apuntar a un desenlace de guerra civil a las puertas de Europa permaneciendo la Unión Europea agazapada por sus necesidades del gas ruso. Pero los conflictos no han cesado en otras partes del mundo: Afganistán, Irak, Líbano, Palestina, Siria, República Centroafricana, Sudán del Sur, Congo, Colombia, Corea, Egipto y otros de baja intensidad que afectan fundamentalmente al continente africano.

Si la consigna en la Guerra Fría era dotarse de mayores arsenales para persuadir al enemigo y ambos bloques se pertrecharon de material atómico suficiente para hacer desaparecer la Tierra cien veces, en la Guerra Caliente actual lo que prima son los intereses económicos por encima de todos los demás, con unos beneficios extraordinarios para las empresas armamentísticas que hacen su agosto particular.

Lo que ha cambiado en el tablero son los actores. Hoy intervienen muchos más que entonces: China, que está comprando tierras en medio mundo, sobre todo América Latina y África; Rusia, que aprovecha su poderío en recursos naturales para poner en jaque; países emergentes como Brasil, India, Sudáfrica e Indonesia que juegan sus cartas cada vez más potentes. En medio, como siempre, los países empobrecidos que sufren en su territorio y con su gente los intereses de unos y otros por hacerse con sus riquezas, poniendo en peligro permanente la estabilidad política, social y económica, abortando las opciones de desarrollo real y la aplicación de estrategias basadas en las políticas públicas.

Es cierto que el final de la Guerra Fría ha alejado (momentáneamente) el peligro de un conflicto nuclear, pero no lo es menos que los arsenales siguen intactos, renovados y listos para ser utilizados en cualquier momento. Mientras tanto, continuaran jugando a las guerras de sus intereses particulares, considerando a la mayoría silenciosa mundial como simples peones a utilizar en un diseño malvado de ignominia y desesperación.

Los organismos internacionales, especialmente Naciones Unidas, ya no son garantía de nada. Hemos visto como pasan de puntillas sobre conflictos muy graves y sólo han cumplido bien con su misión de asistencia humanitaria a desplazados y víctimas de los conflictos. Es decir, la plasmación de su misión sería la correspondiente a una gran ONG mundial, más que a un estamento vigilante del cumplimiento de los derechos humanos, la paz y el desarrollo mundial.