miércoles, 17 de agosto de 2011

LOS ESTAFADORES

Entramos en una etapa electoral que se promete repleta de promesas, artes malabares, arremetidas personales, campañas mediáticas, puestas en escena y decenas de titulares. Contaremos en la misma con una serie de expertos que nos inundarán hasta el hartazgo de soluciones mil para hacer nuestra vida más feliz. Se abre la veda de la caza del voto y en la montería todo vale.

De las acepciones que tiene el término “estafar” me quedo con la que indica que estafar es defraudar, no llegar a dar lo que se espera de algo o de alguien. Y en este campo de lo político contamos con un buen número de estafadores. Nos estafan cuando realizan propuestas que luego no cumplen, a veces realizando políticas absolutamente antagónicas a las indicadas en sus programas electorales. Nos estafan, cuando habiendo gobernado y continuando aún en el gobierno, nos dicen lo que harán si ganan las elecciones en los próximos cuatro años, pero que no han hecho en 8 ni lo harán en los meses que aún le quedan por gobernar.

Nos tangan cuando se dirigen a nosotros como lo fundamental en el proceso democrático y luego se olvidan de nosotros en los próximos cuatro años. Quieren hacernos ver que están preparados para ponerse al frente de este país escuálido, cuando lo único que les interesa en agrandar su poder sin realizar ninguna alternativa de cambio real ni de modificación seria de lo que realmente se necesita. Este hábito de estafar al personal es lo que está dando al traste con la credibilidad de la llamada clase política, consiguiendo un alejamiento de millones de españoles de su participación en las urnas.

Por suerte, la ciudadanía española es cada vez más responsable y asume que está en sus manos (y en su cabeza) proceder a cambiar esto. Cuando a uno lo estafan una vez, vale. Pero cuando la estafa se convierte en una norma, adornada por la corrupción y la ineficacia, entonces tenemos que reaccionar para impedir que semejantes truhanes sigan dirigiendo los designios de nuestro país.

Así que ojito con la puja permanente en que se convertirá la campaña en un “a ver quién da más”, porque ese discurso forma parte de la propia estafa. Si volvemos a dejarnos llevar por la ilusión óptica de los mercachifles que les encanta cantinflear para ver a cuánta gente estafan con su discurso, nos convertiremos en cómplices de su propio juego.

Estos birladores de la democracia que han asentado un control absoluto sobre el poder institucional consolidando el bipartidismo para anular la posible alternativa, están llamados a desaparecer. Y la única forma de acelerar tal proceso es no votando sus candidaturas, o dicho de otra forma, cambiando de opciones para hacerles ver que ya no nos van a estafar nunca más.

martes, 9 de agosto de 2011

POLÍTICA EXTERIOR ESPAÑOLA

Todo el proceso de Globalización vivido desde finales de los 90 ha originado una interrelación mayor entre las aplicaciones de las relaciones internacionales. Ha disminuido sobremanera la importancia de las relaciones bilaterales cobrando mayor importancia las multilaterales. En el caso de Europa, donde la UE ha iniciado todo el proceso de política exterior unificada, nombramiento de Embajadores Representantes de la UE, Acuerdos Especiales bilaterales y regionales; el peso de la política de cada uno de los estados ha venido siendo mucho menor en el panorama internacional.
No obstante lo anterior, que sin duda es una tendencia y un cambio de paradigma para entender y enfocar las relaciones internacionales, España no puede desatender y relajar su propia política exterior en base a dos criterios fundamentales. En primer lugar, nuestra historia, explicitada en las relaciones con América Latina y ex colonias africanas y asiáticas, así como con los países vecinos. En segundo lugar, la potenciación de las relaciones comerciales para favorecer la exportación de productos propios dándole valor agregado a la calidad de nuestras mercancías.
Con cierto dolor hemos podido constatar la desatención de la política exterior española en los dos grandes campos señalados en los últimos quince años. Si bien nuestra presencia en organismos internacionales está cobrando cierta notoriedad, sobre todo a raíz de nuestra participación en la ilegal guerra de Irak y en misiones internacionales bajo el paraguas de Naciones Unidas o de la OTAN (Líbano, Afganistán, Índico, Haití, Libia, etc.), no es menos cierto que hemos abandonado a su mínima expresión nuestra relación bilateral y regional con las distintas áreas en las que nuestra presencia histórica, cultural, económica y social debería seguir siendo prioritaria.
El proceso iniciado en la Unión Europea de Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) avanza a su ritmo y es el referente para el futuro inmediato, pero no por ello debemos aparcar nuestra política exterior situándola bajo mínimos sino, antes al contrario, potenciarla y extenderla, no siendo ello incompatible con el caminar común europeo. España necesita más que nunca del refuerzo de sus relaciones propias internacionales y comerciales, sin olvidar las culturales y de cooperación, y no por ello ir en contra la PESC, sobre la premisa de que una mayor y más consolidada presencia de nuestro país en el exterior apoyará una ampliación más rápida y más completa de la propia PESC.
Se han relajado nuestros gobernantes bajo el paraguas de lo supra nacional, lo que considero el principal error de nuestra política exterior y que traerá consecuencias en el corto y medio plazo de carácter irrecuperable. Un amplio desarrollo de nuestras relaciones sólo viene a sumar en el marco europeo y no a dividir. Ese error de concepción será el que nos sitúe en un plano marginal en el futuro inmediato de la política europea y en el panorama internacional en general.

viernes, 5 de agosto de 2011

EL MOMENTO DEL CAMBIO

Decía Gandhi que “Nosotros mismos debemos ser el cambio que deseamos ver en el mundo” y utilizo la reflexión de H.G. Wells sobre el tema: “¿Por qué se ha de temer a los cambios?, toda la vida es un cambio”. Todo parece apuntar, si no lo impiden los mercados, que las próximas elecciones generales se celebrarán el 20 de noviembre. Momento decisivo para la democracia española que necesita un cambio en su orientación, en sus políticas y en sus políticos. Durante los años transcurridos de este periodo democrático, hemos podido comprobar cómo PSOE y PP han colaborado mutuamente en el deterioro institucional, convirtiendo en un mercadeo permanente las políticas públicas en beneficio partidario, alejándose cada vez más de los intereses y problemáticas de la ciudadanía. Nosotros, los ciudadanos, hemos sido corresponsables de esta situación, no sólo con nuestro voto sino también con nuestro silencio y asunción de que continuábamos en el discurso de las dos Españas. Hemos descargado nuestra indignación pero al final siempre nos llevaban al callejón que a ellos le interesaba en su discurso tradicionalista y clásico, para evitar que gobernaran los otros, reclamando un voto útil para después hacer lo contrario de lo que indicaban sus programas electorales. Ya hemos aprendido la lección y corresponde de nuevo a los electores tomar la determinación de enderezar el rumbo de la política española, observar y analizar con la lupa de la responsabilidad qué es lo que necesita el país, cómo hemos de plantear la política para los próximos años (no sólo 4), qué partido está defendiendo realmente los intereses generales de todos, cómo podemos incidir en el cambio tan necesario. La respuesta a estas preguntas yo las he encontrado en Unión, Progreso y Democracia, UPYD, un partido joven, dinámico, moderno, que ha formulado toda una serie de propuestas que vienen a regenerar la vida democrática española, huyendo de mensajes mesiánicos y estrangulaciones de la democracia. Propuestas que coinciden plenamente con lo que piensa la gente en la calle y que ha demostrado su capacidad para defenderlas en las instituciones donde tiene representación. UPYD no tiene ningún miedo al cambio, porque es el cambio. No se asusta al mirarse al espejo, porque se reconoce en lo que ve, lejos de lo que le ocurre a las opciones que ya han demostrado su gran capacidad camaleónica para disfrazarse hasta de lagarterana si hiciera falta, exclusivamente para mantenerse en el poder. Cambio no es alternancia sino alternativa real y eso ya lo han aprendido los ciudadanos. No vale votar a uno que nos parezca menos malo que el otro, sino optar por aquello que creamos más cercano a la realidad de nuestro pensamiento, aquello que se ajuste más a una respuesta global, sin parches, que necesitamos de forma urgente en el panorama político de nuestro país. El voto útil será aquel que se deposite con la tranquilidad y satisfacción de haber optado por lo correcto, por lo deseable, recogiendo una sonrisa cuando salimos del colegio electoral. Para cambiar las cosas hemos de asumir nuestro deseo de hacerlo, juntos podemos y lo haremos por responsabilidad con la situación del país, mirando al futuro y con la alegría necesaria de quien sabe que no todo está perdido.

jueves, 4 de agosto de 2011

LA SEGUNDA TRANSICIÓN (y II)

A las modificaciones constitucionales que implicarían las propuestas realizadas en la primera parte de esta entrada, deben sumarse toda una serie de reformas que hagan posible el perfeccionamiento del sistema dado. Principalmente hemos de contemplar aquellas referidas a la Reforma de la Ley Electoral. Quizás con buen criterio, los legisladores de la época buscaron la forma de evitar que el congreso estuviera compuesto por un sinfín de partidos pequeños que hicieran imposible la gobernabilidad del país, aprobando una Ley Electoral que primaba el bipartidismo y dejaba fuera a los pequeños partidos. Hoy hemos superado esa etapa y hemos de abordar con máxima urgencia una Ley Electoral que sea más igualitaria, que no discrimine entre el valor de los votos según el territorio donde se ejerza y que recoja el verdadero sentir del elector. Hemos además de recuperar la independencia total de poder judicial. Sin una justicia independiente nunca podremos perseguir la corrupción política y económica, verdaderas lacras de nuestra situación actual. Para ello, han de modificarse los sistemas de elección de los miembros del Tribunal Constitucional, así como dotar a la Justicia de los instrumentos más eficaces para acelerar todos los procesos pendientes en nuestro país. Urgente abordar una verdadera reforma laboral que incluya criterios de igualdad y proporcionalidad, que evite las dificultades en la contratación y se acerque más a la realidad europea en esta materia. Mayor control sobre los mercados financieros y no al contrario, pues cada vez los Mercados marcan las políticas a desarrollar. Garantizar unos servicios sociales básicos a la población independientemente del territorio donde se viva, evitando las asimetrías que se dan actualmente según la comunidad autónoma donde vivas. También de forma urgente plantear la lucha contra la corrupción en todos los niveles, de forma que garanticemos una transparencia en empresas, partidos, sindicatos, fundaciones, ayudas y subvenciones públicas, etc. Hemos de reorientar nuestra participación en la Unión Europea, con mayor claridad de nuestras acciones bajo la premisa de que más Europa será también más democracia y más España. Redefinir y consolidar nuestra presencia en el mundo, desde la acción exterior y la cooperación internacional al desarrollo. Todos estos asuntos que parecen propios de cada partido en sus programas electorales, deberían ser asumidos como una cuestión de estado por el congreso, eliminando así las posibilidades de vaivenes en nuestras acciones políticas y favoreciendo la credibilidad en nuestro sistema tanto al interior como al exterior del país. Si fuésemos capaces de alcanzar un gran Pacto de Estado que abordara al menos las cuestiones formuladas, habríamos marcado para una buena temporada las líneas maestras a seguir desde la política nacional, autonómica y municipal, permitiendo alcanzar altos grados de fiabilidad y confianza. Se acerca la hora de tomar opciones y es necesario que cada uno de los ciudadanos electores sepan discernir cuáles son los verdaderos intereses de las propuestas de los partidos y decidir con quién quieren acudir a las urnas.